viernes, 10 de diciembre de 2010

Adán y la serpiente

Entrando en un terreno desconocido, vistiendo ropa de camuflaje que denota mi presencia con sólo maquillar la mirada y esbozar una sonrisa delicada al aire cargado de un mirador lleno de tabaco. Tacones lejanos desvisten mis pies dejando que mis dedos toquen el suelo caliente de un bar en donde mujeres danzan a ritmos tribales un baile en busca de la lluvia que calmará la sed de su entrepierna.
La luna oculta tras las densas nubes lanza besos a un cuello gélido, a una mueca en los labios, a un lobo hambriento que intenta a toda costa alimentar su hambre, ronroneando entre los brazos de una serpiente que contonea su lisa piel bajo el agua que cae por los cristales dejando que aúlle su nombre, que pida el lobo clemencia, pidiendo una limosna de su fría boca.

Es un mundo de hombres en donde las féminas se dejan vestir con piel de cordero reciclada, las palabras se escriben en el vaho de la noche y el viento las acuna hasta que una mano inocente las difumina con las estrellas, dejando que el pequeño y negro lobo busque cobijo en el seno de una madre que nunca lo parió. Instintos se mezclan con una razón que conoce los entresijos de unas mentiras que la serpiente pronunciaba, ella apagó su sed, dejando que la víctima llorase su orfandad en el busto del reptil, esperando a que creciese y se creyese el líder de una manada de machos alfa sin hembras.

Y la serpiente rió, dejó que la lana del cordero vistiera su desnuda piel, agachó la mirada hacia un suelo enmoquetado y esperó a ver en su rostro una angelical sonrisa tras unos ojos encendidos para acariciar el lomo del asustadizo lobo y susurrarle al oído los aullidos que al oscuro cielo lanzó. El lobo se tranquilizó, pensó que era un cazador y que su presa, asustada, dormiría eternamente soñando con la noche en la que él la dominó.
El reptil sabía sonreír, sabía que la presa cazó al hambriento animal, cayó en su propia trampa. La serpiente mudó de piel y buscó otro alfa para su gastada omega, dejando que el mundo gire pensando que es de hombres, mientras que por el suelo tienen serpientes que nunca mordieron una manzana envenenada.