sábado, 2 de abril de 2011

Azahar, jazmín, bandoleros y otros sentimientos

Un olor llega a mi nariz desde la calle, la temperatura cálida invita a que respire intensamente el aroma a primavera de una calle cordobesa. Los naranjos en flor recuerdan a tiernos juegos de la infancia en una plaza a medio reconstruir, en un descampado abandonado hasta que el sol se colocaba detrás de los edificios cobrizos.
La ropa tendida al aire, se mezclan las sombras de los árboles, con los sueños de amores platónicos, saetas desde los balcones de rejas negras y cal en las paredes, bullicio en las plazas, calles y avenidas, terrazas que lanzan sus suspiros a medianoche acompasados con el alcohol y risas.

Una mezquita, un puente romano, una judería, una plaza de la corredera, un "Sandocán" recordando con autobuses londinenes modificados que la política en estas tierras sigue siendo época de bandoleros y ladrones. De fes provocadas y crecientes ante una figura tambaleante, túnicas, mantillas y ostentosidad, falsedad aireada con tacones de aguja y patillas.

Adoro la primavera en mi tierra, un tierno aviso de que el verano vendrá fuerte, un breve estadío de tiempo en el cual el jazmín y el azahar adormece mi ira, mece mis cabellos, acuna mis pesadillas y olvido los nubarrones del invierno