miércoles, 20 de junio de 2018

Volver

Sentí la necesidad de volver a gritar, dejar fluir más allá del papel todas aquellas palabras que cada día bailan en mi mente, impedir que el tempus fugit fuese sentencia sobre todos los recuerdos manuscritos, más aún, cuando varios gritos fueron ahogados por el envejecimiento y supe que era el momento de traspasar el cristal, como un intento de sentirme longeva, eterna y no perecer como aquellos textos, hoy ya enmohecidos.

En seis años, el papel, cuadernos, servilletas, etc, se han ido amontonando en viejas cajas de zapatos, como los recuerdos en mi mente, que hoy florecen, abriéndose cual caja de Pandora y mostrándome mis miedos, mis alegrías, mis penas y mis sueños, todos mezclados, sin orden cronológico exacto y reflejando que el caos en mi mente nunca dejó de existir, sea cual sea el útil de escritura.

Hoy me siento liberada, como aquel que grita sobre un acantilado, como aquella que llora en el mar, como alguien que corre y no deja que el oxígeno en su sangre se agote. Las letras son para mí ese oxígeno, las palabras los músculos que hacen que todo mi ser continúe, mi cerebro bombea ideas cual corazón de corredor bombea sangre hasta el último rincón de su cuerpo. Los verbos se adentran en mí en el enmarañado de venas y recorren toda mi carne, dejando sin resuello mi alma y dibujando una sonrisa en mi mirada.