miércoles, 15 de agosto de 2018

La chica del columpio

Quiso ser valiente, abrió la puerta y se fue, quiso ver mundo, se subió a un tren y viajó, quiso ver en el espejo aquella persona que siempre soñó ser y lloró.

Todo pareció fácil, rápido e indoloro, pero sentía que sus pies apenas tocaban el suelo, sentía que su brújula no apuntaba al norte, sentía el vacío al final de su historia, la cual recién comenzó a escribirse.

El temor se iba apoderando de su cuerpo, la incertidumbre carcomía sus pensamientos, dejando sus planes en el aire, sin castillos, sin globos, sin nubes y con hambre.

Las nuevas ilusiones se iban apagando al son de un silencio cada vez más prolongado, sentía que aquella nueva estrella se difuminaba en el cielo, todas las palabras vertidas aquella noche perdían su fuerza, terminando por vomitar su inocencia, dejando en la cuneta las sonrisas y los cantos mudos de sirena.

Y comenzó de nuevo, maquilló sus labios, adornó sus manos y cosió con hilos trenzados una nueva llave, abriendo otros miedos, pero con los pies aún más cerca del suelo y sin soltar sus manos del cielo.