Al fin acudí a mi tan ansiado concierto, Placebo estuvo sublime durante hora y media, de las que jamás podré olvidar. He sido inmensamente feliz durante una fracción de tiempo, en la cual baile, grité, alcé mis manos al cielo y sentí la música vibrar bajo mi piel. No tengo más palabras, ya sólo recuerdos maravillosos de este 2010. Bravo Placebo.
sábado, 24 de julio de 2010
Conciertazo
Al fin acudí a mi tan ansiado concierto, Placebo estuvo sublime durante hora y media, de las que jamás podré olvidar. He sido inmensamente feliz durante una fracción de tiempo, en la cual baile, grité, alcé mis manos al cielo y sentí la música vibrar bajo mi piel. No tengo más palabras, ya sólo recuerdos maravillosos de este 2010. Bravo Placebo.
viernes, 23 de julio de 2010
Te echo de menos

Ha pasado ya cierto tiempo, pero te sigo echando de menos, me falta tu compañía, tu apoyo, tu alegría, tu cariño. No quiero recordar la fecha en la que te fuiste de mi lado, pero sí en la que apareciste, un frío noviembre, mi noviembre dulce, en donde de entre muchos te elegí a ti, estabas algo malita y eras la más delgada de todas, pero tus ojos brillaban más que nunca.
Mi niña lucentina, el viaje de vuelta a casa, a tu nueva casa, lo pasaste durmiendo entre mis piernas, estabas agusto, estabas feliz y yo sonreía al ver tu pequeño cuerpo estirado y acomodado en mis pantalones. Me gustaba sentir que respirabas, que eras una pequeña joya de color marrón, negro y blanco a la que tenía que mimar, porque quererte ya te quería nada más verte.
No me dejaste dormir en toda la noche, querías jugar, llorabas porque me dormía y porque no podías saltar hasta mi cama, eras muy pequeñita. Al final pudiste dormir en el pecho de mamá, sentiste el calor que una persona puede dar a una pequeña cachorrita delgadita y bonita.
No tardaste mucho en sanar, engordaste tanto que tu tripita rozaba en el suelo pero nunca dejaste de jugar, tan pequeñita defendías a tu familia con uñas y dientes, no te importaba que fuese veinte veces más grande que tu, éramos tu familia.
Creciste pronto, fuerte y tan sana que el pelo te brillaba sin tener que envidiar a ninguna modelucha del pantene. Ahí conociste a tu fiel compañero, Thor, ese que no tenía ninguna raza, simplemente era guapo y el más noble camarada.
Tanto él como yo seguimos mirando en tu casita a la espera de que salgas a lamernos la nariz. Él aúlla llamando a la madre de sus hijos, se siente extraño, nunca has estado fuera tanto tiempo. Ha comenzado a comprender que nunca más volverás y sabe que no está del todo solo, nos tiene a nosotros que lo mimamos un poquito más.
Desde hace diez años he sentido lo más profundo con vosotros, he querido más fuerte que jamás podré querer, habeis sido los primeros, mis hijos mayores, mis niña y mi niño, por eso te digo Nissa que te echo de menos, no me acostumbro a no escuchar tus ladridos en las noches, tu respiración fuerte cerca de mi ventana, tu seguridad ante la puerta, tu delicadeza con los niños, aguantabas todo sin dejar de mover tu amputada colita. Sabías lo que nos hacía falta, siempre querías jugar incluso cuando dos enfermedades acabaron contigo.
De nuevo adiós, espero que hayas sido tan feliz durante estos diez años como yo lo he sido contigo, te quiero mucho mi niña chiquita, mi gorda, mi loca, mi Nissa.
Rompamos una botella en proa
Inauguración, quizás poco clamorosa de un atisbo de intimidad publicada en vista de unos pocos ojos, que en como todos lados se cansaron de mirar, se cansaron de leer.
Poco que decir de mi lengua, el castellano, profanada por mi mente y asesinada por mis manos, no espero publicar best sellers, simplemente compartir lo que un día nació de mi sesera abierta para que las aves puedas picar las migas de pan restantes de una cena ostentosa y simple, en donde Baco con vino de brick invita a una copa en vaso de litro de plástico transparente a quienes quieran disfrutar de la más humilde compañía. Bienvenidos.
En un mes de pleno estío, no encontrar un lugar en la cama donde reposar el cuerpo hace que entre en ebullición miles de palabras. Ahora es cuando no ver la luz del sol calma los sentidos más adormecidos durante el húmedo invierno, una piel pálida no sangrará si el sol no la hiere, dejémosla descongelarse en la sombra.
Comenzar por un tiempo remoto atrás en donde columpios roídos se balancean al son de sonrisas blancas, guiando hacia un camino pedregoso un suicidio que nunca cruzó la línea, ahí permaneció, sin avanzar, se perdió de vista pero nunca de las retinas.
Comenzar por unas palabras atravesadas en mitad de la nada, dibujando un rostro ciego perdido en la inmensidad. Atado con un collar de cascabeles marca sus pasos, marca su perfil, marca su esencia, un aroma, un sabor, un roce, de tantas otras esencias, aromas, sabores y roces que se guardarán en lo más profundo del inconsciente como un álbum de recuerdos en la repisa más alta de la estantería.
Una vez más bienvenidos al lugar donde Afrodita llora por las noches, donde Atenea suma con los dedos, Artemisa es vegetariana y Zeus cose telares.
Poco que decir de mi lengua, el castellano, profanada por mi mente y asesinada por mis manos, no espero publicar best sellers, simplemente compartir lo que un día nació de mi sesera abierta para que las aves puedas picar las migas de pan restantes de una cena ostentosa y simple, en donde Baco con vino de brick invita a una copa en vaso de litro de plástico transparente a quienes quieran disfrutar de la más humilde compañía. Bienvenidos.
En un mes de pleno estío, no encontrar un lugar en la cama donde reposar el cuerpo hace que entre en ebullición miles de palabras. Ahora es cuando no ver la luz del sol calma los sentidos más adormecidos durante el húmedo invierno, una piel pálida no sangrará si el sol no la hiere, dejémosla descongelarse en la sombra.
Comenzar por un tiempo remoto atrás en donde columpios roídos se balancean al son de sonrisas blancas, guiando hacia un camino pedregoso un suicidio que nunca cruzó la línea, ahí permaneció, sin avanzar, se perdió de vista pero nunca de las retinas.
Comenzar por unas palabras atravesadas en mitad de la nada, dibujando un rostro ciego perdido en la inmensidad. Atado con un collar de cascabeles marca sus pasos, marca su perfil, marca su esencia, un aroma, un sabor, un roce, de tantas otras esencias, aromas, sabores y roces que se guardarán en lo más profundo del inconsciente como un álbum de recuerdos en la repisa más alta de la estantería.
Una vez más bienvenidos al lugar donde Afrodita llora por las noches, donde Atenea suma con los dedos, Artemisa es vegetariana y Zeus cose telares.
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