viernes, 23 de julio de 2010

Rompamos una botella en proa

Inauguración, quizás poco clamorosa de un atisbo de intimidad publicada en vista de unos pocos ojos, que en como todos lados se cansaron de mirar, se cansaron de leer.

Poco que decir de mi lengua, el castellano, profanada por mi mente y asesinada por mis manos, no espero publicar best sellers, simplemente compartir lo que un día nació de mi sesera abierta para que las aves puedas picar las migas de pan restantes de una cena ostentosa y simple, en donde Baco con vino de brick invita a una copa en vaso de litro de plástico transparente a quienes quieran disfrutar de la más humilde compañía. Bienvenidos.

En un mes de pleno estío, no encontrar un lugar en la cama donde reposar el cuerpo hace que entre en ebullición miles de palabras. Ahora es cuando no ver la luz del sol calma los sentidos más adormecidos durante el húmedo invierno, una piel pálida no sangrará si el sol no la hiere, dejémosla descongelarse en la sombra.

Comenzar por un tiempo remoto atrás en donde columpios roídos se balancean al son de sonrisas blancas, guiando hacia un camino pedregoso un suicidio que nunca cruzó la línea, ahí permaneció, sin avanzar, se perdió de vista pero nunca de las retinas.
Comenzar por unas palabras atravesadas en mitad de la nada, dibujando un rostro ciego perdido en la inmensidad. Atado con un collar de cascabeles marca sus pasos, marca su perfil, marca su esencia, un aroma, un sabor, un roce, de tantas otras esencias, aromas, sabores y roces que se guardarán en lo más profundo del inconsciente como un álbum de recuerdos en la repisa más alta de la estantería.

Una vez más bienvenidos al lugar donde Afrodita llora por las noches, donde Atenea suma con los dedos, Artemisa es vegetariana y Zeus cose telares.

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