domingo, 15 de agosto de 2010

On the road


Alisadas miradas de alquitrán filtrado por un tubo de ensayo blanco, marcado el camino con tacones de aguja bajo el sol más intenso en pleno mes de agosto. Un hedor a gasolina y rugidos emprenden un viaje en donde el cielo raso gris no anuncia nada. A través de medianas ventanillas divisar un paisaje tosco, marrón y verde acompasados a los acordes de un contrabajo hasta llegar al desierto sin dunas.

Un mar de rocas estallan sus olas en mitad de la esquina inferior del alma, del continente torácico, música hablada en mis oídos pueden vislumbrar una pequeña figura saliendo del mar, cabalgando sobre espumas doradas un ser inerte lleno de vida. En la noche aparece y durante el día miradas fugitivas, huidizas ponen en incertidumbre un oleaje que no sabe donde ir, no sabe silbar chocando su rostro contra el viento, contra la tez de una arena rugosa. Vientre gestante de alimento espera paciente que reduzca su volumen para esconderse entre las palmeras y la hierbabuena del subsuelo.

Lloras en la arena, así creando gotas saladas de océanos varados en una tierra seca. Recuerdos inanimados bailan en la mente, tragan nubes y vierten hiel en un estómago henchido de orgullo herido. Flores secas anidan chinches que graznan cuales cuervos en el quicio de mi ventana.
Despierto, veo que mi mundo es otro, un mundo donde el sol no quema, donde los labios no mienten, donde esa voz que me hace llorar no existe y hoy sonrío, miro un espejo liso un rostro alegre, algo me araña mi tráquea y mi estómago, pero no puedo cambiar nada, he vuelto y pronto me iré, para no poder retroceder y continuar el camino marcado de blancas líneas amarillentas.

Pensar en un trayecto largo, en risas grabadas, en pensamientos volátiles, en paisajes áridos llenos de belleza, el agua en mi piel, volver, caminar hacia atrás para volver a ver con los mismos ojos otros oscuros, pequeños y tímidos, valientes de esconderse tras unos párpados que no ocultan nada, pero sin embargo lo ven todo.

Cambié, muté, recordaré pero pronto mudaré de piel.

domingo, 1 de agosto de 2010

Algo que picar entre horas

De nuevo respirar bocanadas de aire puro al son de canes aullando a la noche más intensa, donde las estrellas brillan e iluminan el cielo azul oscuro, dejando atrás nubes de queroseno y el calor fulminante de suelos de hormigón y cemento.
Volver a oler el dule aroma de la tierra, arropada con una fina sábana dejando que las frescas brisas templen mi piel, así volviendo a retomar los ecos de mi mente a grafía inerte de viva voz.


Luz de media luna invocando tenues sones a la sombra de una espiral, crecer en vientre ajeno aullidos rompiendo el cristal de unos espejos volátiles a la luz del sol, regando con cuentagotas de sangre un tallo verde que nace de entre las tierras hostiles, surcos plantan miembros arrancados en sembrados de trigo caoba, escribiendo una sonata de llanto allegro donde plañideras vierten hiel a una tumba corroida del paso de las almas, desgastando la roca tras el vaivén del tiempo.


Se cierra entonces el círculo cromático en tres primarios instintos, el hambre aullaba a su soledad, ríos de tinta para calmar la sed, vorágines deseos escriben el culmen de una noche con luna llena en su inicio y nueva en su ocaso.
Verter todo de una caja cerrada en el primer asalto, dejando indefensa a la piel, ante las garras de un sumiso ronroneo implorando dominancia.
Todo lo que toco se convierte en hojalata, o más bien, oro parece y en realidad no es.

Al salir el fustigante sol la caja está vacía, las garras retraídas y los colores del arco iris no son más que destellos de luz en un espejo partido. Galopar a un tiempo atrás para volver a saborear las mieles del éxito en una cola de racionamiento, libre de infecciones y embarazos no deseados.