lunes, 21 de febrero de 2011

Pure morning

¿De qué sirve la juventud si todo acabará siendo lo mismo? ¿De qué sirve que continúe mi camino si todo desemboca en el mismo lado? ¿De qué sirve empezar algo que acabará pronto?

Cerrando los agujeros de mis venas, con remiendos baratos y agujas corroídas y oxidadas por el paso del tiempo, al son de vientos en una templada mañana, escribiendo versos que no riman entre sí, formando un caos en donde sábanas ondean sus colores al sol del invierno y desperdigan las palabras formadas con las sombras inertes de unos dedos.
Dejar morir unos pensamientos para revivirlos a cada instante, dejando que tomen forma en la concavidad de mi mente, llana, plana, en coma al sentir los rayos solares entre los cabellos y dejar que el viento susurre al oído frases silbantes en las cuales los nombres van y vienen y los recuerdos dejan mil sabores en unos labios cortados por el frío.

No me sirve construir entes para tener que olvidarlos y dejarlos vagar libremente por las azoteas, no me sirve crear vida para dejarla morir al instante, no quiero acabar rogando restos a estatuas de mármol y escribiendo epílogos donde se anuncia la vagancia de unas palabras puberales que lloran al ver derramada una sangre azul teñida sobre una televisión de pantalla plana y cuadernos escolares.
Seguir, esperar a ver el final de una historia, crónica de una mentira anunciada, noticias breves en el rincón de un sucio periódico sin nombre que dan compañía a viejas batallas en los asientos traseros de un cine de verano.

martes, 15 de febrero de 2011

Eire

De nuevo en mi cabeza retumban los sonidos de una gaita tocada al viento en cordilleras pintadas de mil verdes distintos. Otra vez un avión me invita a subir y dejar en un andén los recuerdos sin estrenar guardados aún en su caja de cristal.
Escapar, volar, salir, retomar viejas costumbres, explorar el ego más profundo en tierras que durante la noche, mediante mis sueños, se divisan en el cristal del subconsciente más enraizado bajo el subsuelo de una materia gris. Perdiendo la fe nunca conocida en lo más nuevo por descubrir, anticipando el temor de unas colinas roídas por el uso, siempre las mismas, todos los días el mismo sol que vierte lágrimas doradas sobre las mismas ventanas que cierro ante el ocaso de un día que siempre termina igual, suena monótono y huele a esperanza.

Eire recorre unos recuerdos en los que siempre se escriben las mismas canciones cantadas en un gaélico comprensible a ojo inexperto. Sensaciones en un tren que recorre marismas nubladas, rocosas y de toscos parajes. Echar la vista atrás con una mano hacia delante, anticipando un viaje que el alma pide a gritos. Volver, tengo que volver, encontrarme los mismos ojos con rostros nuevos, las mismas calles tres años después y sentir como si el tiempo no hubiese pasado entre vuelo y vuelo. Allí me espera un reflejo de mis entrañas, un dulce aroma a libertad que asfixia los pocos sinsabores de una vida rutinaria para acabar en el callejón de atrás de ninguna parte.

Tréboles trenzados en cabellos rojizos sobrevuelan el deseo negro de anacarada espuma, a cada sorbo las retinas dibujan lo que un día vieron y escucharon. Pasaportes que vuelven a ver la luz del día, aguardando el momento de cruzar el mar y divisar con la misma emoción la isla de las estrellas azules y verdes senderos.

martes, 1 de febrero de 2011

Catorce vidas

C'est le malaise du moment
L'épidémie qui s'étend
La fête est finie on descend
Les pensées qui glaces la raison
Paupières baissées, visage gris
Surgissent les fantômes de notre lit
On ouvre le loquet de la grille
Du taudit qu'on appelle maison...

Un susurro en mitad de la noche que despierta mi inconsciente, caminando entre el vacío lleno de personas que ocultan su vida tras unos abrigos oscuros y una sonrisa maquillada. El miedo espera a que caiga la noche para formar sombras en una cama vacía y escribir nombres sobre el papel pintado que cubre el cielo al anochecer.
Desde una alcoba sin techo divisar la razón evaporada en la nada, formando brumas extendidas, imaginar difuminarlas con la mano, sentir los temores de la gente sobre la palma y dejarlas volar junto al humo de mis pulmones que matan de dentro hacia fuera, terminado por adornar una caja de pino.

Recordar una tarta con catorce velas, soplando sin aliento un manjar que denigraba mi ser, no alimentar el cuerpo que pegado al alma llevaba, dejando morir de hambre una mente infantil, un cuerpo mustio, arrugado, amarillento y de cuencas vacías.
Mirar tras un cristal blindado las aves volar cerca de la vida y de la muerte, dejar migas de pan que mi estómago rechazaba y colocarlas formando frases, enviando mensajes a palomas sucias y ruidosas en el alféizar.
Tener sueños mientras las pesadillas rodaban escenas que teñían la realidad de un espejo cóncavo, grueso, de ropa ajustada y miradas de pena, mientras forzaban un suero lacrimoso en las venas vacías de una muñeca gastada por las cuerdas.

Y ella voló junto a las palomas, ella se fue dejando un mensaje mudo, dejando una huella en la cortina, de ella se aprendió una gran lección. Las cicatrices de las cuerdas desaparecieron y las quince velas se apagaron con un solo golpe pulmonar y una sonrisa en los labios en una cara sonrosada y mullidas mejillas.

Nous sommes les jouets du destin
Souviens toi des moments divins
Planants, éclatés au matin
Et maintenant nous sommes tout seul
Perdus les rêves de s'aimer
Le temps où on avait rien fait
Il nous reste toute une vie pour pleurer
Et maintenant nous sommes tout seul...