
Una píldora no te hará más fuerte, una copa no te hará olvidar, un cuerpo no podrá retenerte. En esta mundo donde la perfección recauchutada cobra vidas, engulle el alma podrida de niñas con un cuerpo deformado y una sonrisa rota. Muñecas de vitrina pintan sus pestañas y sus labios después de olvidar las voces de su estómago o verter hacia el olvido lo que ya devoró, dejando atrás la culpabilidad tras tirar de la cadena.
Anuncian su muerte en revistas donde la cordura dejó de escribir líneas en talles curvos, en caderas sinuosas y muslos torneados, la cordura dio paso a la locura que dibuja con mano tambaleante esqueletos vestidos de cuerpo y desnudos de mirada.
Mentes anodinas que no dejan paso a la vida, a la felicidad de las pequeñas cosas, mentes que repiten el asco de su propio ser hacia el reflejo triste en el espejo, reforzando su camino hacia una pasarela en donde no hay focos, no hay marcas, no hay aplausos, no hay perfección, únicamente acaba en la muerte, dejando atrás a las personas que no querían este final, que el cuento de hadas se escriba con curvas y no con líneas finas, extremas, vomitantes, llenas de llantos.
¿Cuándo comprenderás que tu cuerpo es el bien más preciado que posees? ¿Cuándo crees que serás feliz? Nunca hallarás tal felicidad, tu espejo es tu enemigo y tu, tu propio verdugo.
Pequeña muñeca, dulce niña que llora a solas, deja que la luna arrope tus pesadillas, deja que la vida continúe contigo, deja que escriba tu historia, deja el círculo de donde aún puedes escapar. Escucha la voz que los árboles susurran esta noche y arroja tu delirio detrás del mal recuerdo, de los malos sueños, y vuelve a nacer.
