lunes, 18 de julio de 2011

Dormir eternamente

Comprobar la fugacidaz de unos días en las propias manos, dejando que escriban unos versos que no riman con la melodía de mi cabeza. Parpadeos que dejan escapar las imágenes de mi vida, continuar hacia delante, vivir hoy ya que el ayer murió y el mañana aún no ha nacido, dejando dudas sobre ese non nato, que escriben estelas en el día de hoy.
Siempre es hoy, a veces fue ayer y en ocasiones es mañana, navegando en un presente finito donde una caja negra guarda los días muertos pacientemente, para que algún día los deje volar libremente junto al cuerpo inerte.
¿Qué es de mi historia, de mis recuerdos, de mis palabras? ¿Qué será de mi cuando una llamada golpee una puerta de pino? ¿Qué es de mi piel marcada con tinta si no un símbolo de una mente delirante que acabará por difuminarse junto a mi cabello?
Noches de insomnio como casilla aventajada a las horas de vida, ¿para qué dormir y perder horas soñando con colores y seres sin rostro? ¿para qué sentarme a ver la vida pasar a través de ventanas? ¿por qué trabajar para otros con una sonrisa forzada y dolor en las piernas? ¿por qué ver amaneceres por trabajo y no por placer?
Infinidad de preguntas golpean mi cabeza ante giros de la vida, "normales", pero si te rozan, una empatía honesta resurge entre el pasotismo capitalista, dejando a un lado el morbo de la muerte, para sentir de cerca la historia que conlleva, dejando que la novela de la vida escriba una esquela más, de la que en unos días, olvidará su nombre.

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