Buscar la infinidad de un momento, ver el sol por la comisura de unos labios que jamás tocaron el cielo anaranjado de un amanecer. La historia repetida, escribiendo un nuevo argumento, cambiando el final y dominar la partida como años atrás dejaba por perdida.
Reconocer el poder de una mirada, de las palabras dibujadas con rímel y los labios con sonrisas fugaces después de una extraña noche en donde los fantasmas del pasado dejan nuevas afirmaciones, admitir una victoria, escribir una nueva derrota y sentir victoria entre los cabellos.
Caminar durante la noche en busca de las sombras recientes, encontrar un atisbo de humanidad en una boca seca, mustia y frágil, recordar el regalo al alba y sentir que no mereció la pena, dejar que ese regalo se pierda entre las brumas de un recuerdo, tan imborrable, que las noches dejan el mismo aroma sobre las mismas cortinas sintiendo la juventud vendida a bordo de un viejo barco a la deriva.
Terminar y comenzar relatos cuyos personajes giran sobre sí mismos vestidos de gala y con remiendos en el alma.
lunes, 19 de septiembre de 2011
martes, 13 de septiembre de 2011
Woke up this morning
El paseo de la fama, con la mirada altiva y el alma hecha jirones, el pelo enmarañado y el maquillaje retocado. Perfección ante la oscuridad que a la luz del alba destacan los defectos de un pensamiento que vuelve de nuevo sobre la almohada vieja.
Abrazos a media noche mezclados con un olor, con unas palabras, con unas incertidumbres de unos ojos oscuros, dibujados con una pluma, sin derecho a error, sin derecho a retoque, sobre un fondo blanco y una sonrisa inocente.
Tantas cosas guardadas en la mente, tantas palabras que jamás saldrán a la luz, tantos momentos abandonados por la esperanza de un recuerdo inútil, que se repiten cada día par y acaban en un impar amanecer donde las espaldas encuentran a su semejante.
Perder el atisbo de lógica que habitaba en una mente fantasiosa, dejar que la canción siga sonando mientras los ecos del bajo vientre lanzan aullidos mudos al compás de secretos que guardé debajo de sus sábanas.
Abrazos a media noche mezclados con un olor, con unas palabras, con unas incertidumbres de unos ojos oscuros, dibujados con una pluma, sin derecho a error, sin derecho a retoque, sobre un fondo blanco y una sonrisa inocente.
Tantas cosas guardadas en la mente, tantas palabras que jamás saldrán a la luz, tantos momentos abandonados por la esperanza de un recuerdo inútil, que se repiten cada día par y acaban en un impar amanecer donde las espaldas encuentran a su semejante.
Perder el atisbo de lógica que habitaba en una mente fantasiosa, dejar que la canción siga sonando mientras los ecos del bajo vientre lanzan aullidos mudos al compás de secretos que guardé debajo de sus sábanas.
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