lunes, 19 de septiembre de 2011

Demasiado joven

Buscar la infinidad de un momento, ver el sol por la comisura de unos labios que jamás tocaron el cielo anaranjado de un amanecer. La historia repetida, escribiendo un nuevo argumento, cambiando el final y dominar la partida como años atrás dejaba por perdida.

Reconocer el poder de una mirada, de las palabras dibujadas con rímel y los labios con sonrisas fugaces después de una extraña noche en donde los fantasmas del pasado dejan nuevas afirmaciones, admitir una victoria, escribir una nueva derrota y sentir victoria entre los cabellos.
Caminar durante la noche en busca de las sombras recientes, encontrar un atisbo de humanidad en una boca seca, mustia y frágil, recordar el regalo al alba y sentir que no mereció la pena, dejar que ese regalo se pierda entre las brumas de un recuerdo, tan imborrable, que las noches dejan el mismo aroma sobre las mismas cortinas sintiendo la juventud vendida a bordo de un viejo barco a la deriva.

Terminar y comenzar relatos cuyos personajes giran sobre sí mismos vestidos de gala y con remiendos en el alma.

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