Diluir en un pequeño vaso de agua recuerdos efímeros, escribir con una pluma olvidada retales de egos perdidos en noches con la luna a medio comer. Sentir de nuevo el aliento de las pesadillas en la nuca una noche fría, dejando que se escriba lo que la muerte un día anunció.
Vaciar la caja torácica, verter nuevas voces y nuevas palabras, olvidando pequeñas gotas de negras lágrimas sobre el tapete. El corazón late aprisa, crece formando enredaderas que se abrazan firmemente a una tráquea dañada por el sol que se inhala.
Querer creer que el destino escribe caprichosas líneas sobre la palma de mi mano, las cuales borra con un soplido, volviendo a unir líneas, volviendo a repetir historias, en un déjà vu continuo, eclipse de sombras sobre superficies planas, sin curvas sinuosas, donde los viejos recuerdos limpian su polvo y relucen como nuevos.
Mecer mis cabellos ante el vaivén de los delirios de media noche, dejar que exculpen sus dudas, querer borrar el humo en el cielo, verter deseos en una fuente y tener segundos al unísono, latidos en uno.
Temores que acompañan sábanas viejas, ventanas rotas en donde el frío se cuela y cala unos huesos usados. Inocencia perdida entre cabeceros de cama oxidados e ilusiones grabadas al alba, mientras esperan escribir la historia con un epílogo retocado y bordado.
lunes, 30 de enero de 2012
martes, 24 de enero de 2012
The ground beneath her feet
El suelo tiembla, el cielo colorea el viento con aromas a plumas teñidas de azul. Palomas mensajeras desnudas aguardan en los bordes de los edificios grisáceos una señal luminosa, para dejar caer su cuerpo hacia un vacío acolchado.
Dibujos sobre una piel rosada, murmullos de unas mariposas envidiosas del reflejo de mis cabellos sobre el cristal sucio de un autobús y la tierra bajo mis pies, se torna arenosa, me viene el eco de unas olas rompiendo con sus cascos, con sus crines sobre el duro suelo de una ciudad de breves luces, alejada del mar y muy dentro de mi.
Tres soles y cuatro lunas distan ahora de ser simples tic-tacs de reloj, tres soles y cuatro lunas bastan para ver a través de unas pupilas dilatadas mi propio deseo.
Giros teatrales en una función que parecía retirada, con el telón bajado y las cuerdas marchitas, conociendo el nombre de la obra, adentrándose en su historia, en los diálogos que quedan prensados en la ropa y acarician mis dedos.
Volver a escuchar las palabras dormidas de mi frente, volver a viejas bandas sonoras para nuevos trajes, dejando que el tiempo pase lento, mientras las horas corren por mi piel y las voces se mezclan con nuevos nombres, nuevos olores y nuevos sabores.
Dibujos sobre una piel rosada, murmullos de unas mariposas envidiosas del reflejo de mis cabellos sobre el cristal sucio de un autobús y la tierra bajo mis pies, se torna arenosa, me viene el eco de unas olas rompiendo con sus cascos, con sus crines sobre el duro suelo de una ciudad de breves luces, alejada del mar y muy dentro de mi.
Tres soles y cuatro lunas distan ahora de ser simples tic-tacs de reloj, tres soles y cuatro lunas bastan para ver a través de unas pupilas dilatadas mi propio deseo.
Giros teatrales en una función que parecía retirada, con el telón bajado y las cuerdas marchitas, conociendo el nombre de la obra, adentrándose en su historia, en los diálogos que quedan prensados en la ropa y acarician mis dedos.
Volver a escuchar las palabras dormidas de mi frente, volver a viejas bandas sonoras para nuevos trajes, dejando que el tiempo pase lento, mientras las horas corren por mi piel y las voces se mezclan con nuevos nombres, nuevos olores y nuevos sabores.
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