martes, 24 de enero de 2012

The ground beneath her feet

El suelo tiembla, el cielo colorea el viento con aromas a plumas teñidas de azul. Palomas mensajeras desnudas aguardan en los bordes de los edificios grisáceos una señal luminosa, para dejar caer su cuerpo hacia un vacío acolchado.

Dibujos sobre una piel rosada, murmullos de unas mariposas envidiosas del reflejo de mis cabellos sobre el cristal sucio de un autobús y la tierra bajo mis pies, se torna arenosa, me viene el eco de unas olas rompiendo con sus cascos, con sus crines sobre el duro suelo de una ciudad de breves luces, alejada del mar y muy dentro de mi.
Tres soles y cuatro lunas distan ahora de ser simples tic-tacs de reloj, tres soles y cuatro lunas bastan para ver a través de unas pupilas dilatadas mi propio deseo.

Giros teatrales en una función que parecía retirada, con el telón bajado y las cuerdas marchitas, conociendo el nombre de la obra, adentrándose en su historia, en los diálogos que quedan prensados en la ropa y acarician mis dedos.
Volver a escuchar las palabras dormidas de mi frente, volver a viejas bandas sonoras para nuevos trajes, dejando que el tiempo pase lento, mientras las horas corren por mi piel y las voces se mezclan con nuevos nombres, nuevos olores y nuevos sabores.

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