domingo, 11 de diciembre de 2011

Tempus

Unos zapatos rojos no dejan que mis pies toquen el suelo, el mojado pavimento refleja las luces de una noche en donde todos corren a resguardarse a los brazos del calor y de Baco, dejando que se apodere de sus sentidos y libere sus oscuras pasiones.

Recordando mientras camino, hiriendo mi vida con cada calada, facilitando mis pensamientos, dejo libres palabras que brotan de mi cabeza, dejando que se posen sobre las húmedas hojas de los árboles.
¿Qué decir cuando la soledad te abruma? rostros en mi retina, los vislumbro como si los tuviese delante mía, enfocando mi mirada a un vacío donde en él se encuentran personas que algún día caminaron sobre estas calles, como simples desconocidos, como simples seres humanos, sin nombres, sólo sombras.
Hoy recuerdo a aquellos que no están, hoy dejo que sus voces compongan frases en mi mente, hoy quiero ponerles nombre, grabarlos en el hormigón de una calle cualquiera y no leerlos sobre lápidas brillantes. Hoy quiero sentir sus abrazos sobre mi piel, hoy veo sus mejores sonrisas, hoy tengo a mi lado lo que ellos dejaron.

Lutos rigurosos en los ojos de sus seres queridos, que adornan con breves sonrisas el dolor que provoca la ausencia, la vida que guiaba la suya, el sentido de sus palabras, sus manos, sus ojos, que ahora sólo pueden contemplar en frías imágenes, abrazándolas como si en cada una de ellas su alma guarde un trocito de su ser.
Olores que se guardan cuidadosamente en los sentidos y se palpa sobre la piel, personas que dejaron una vida a medias, que dejaron una profunda huella en muchos corazones, personas que hoy recuerdo y trato de devolverles su pasado, evocando al futuro y guardando sus tesoros en mis pupilas.

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