
Hoy soy lluvia, hoy soy delicada ante el duro pavimento, hoy caigo de las nubes cobrizas dejando que mi cuerpo salpique los pies del subsuelo. Hoy soy frágil, pesada, transparente, fría, incolora, insípida, brillante, en silencio mi ser rompe en mil pedazos al tocar el charco en el que me convierto, miro a mi lado, no soy única en el suelo, ahora soy agua gris, fundida con otras gotas, dejando mis pensamientos sobre las ondas.
Un paso y de nuevo soy lluvia, reboto contra la pared y me derramo por los canalones, por los toldos y las hojas marrones del otoño, escribo nombres con el rastro de mi agua, disminuyo, soy un minúsculo punto en tu ojo, la cristalina gota que pende de uno de tus cabellos y te acompaña en cada respiración, soy el punto brillante que te acaricia la mejilla y te refresca la piel.
Soy aquella helada perla que te recuerda que estás vivo, que roza la comisura de tus labios y sala tu boca.
Soy aquella gota que pronto olvidas, que restriegas contra tu fría tez y sacudes mi cuerpo dejando que me seque con el viento de otoño, evaporándome de nuevo, subiendo a las nubes, condensando mi pena y dejándome caer al vacío, esperando de nuevo morir en tu paraguas, en tus hombros, esperando ilusa que me lleves en tus manos, que veas mi rostro en el reflejo de mi ser, esperando calmar tu sed y acunar tus sueños desde el cristal de tu ventana.
Hoy soy lluvia, vestida de negro dejo que todas las gotas caigan sobre mi y mojen mis cabellos, hoy dejo que tu nombre me empape y me cale hasta los huesos.
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