Pensaba que vencía, creía que ganaba y se despertó sobre una mesa verde, con las manos pintadas de sombras y su sonrisa en el parqué arañado por tacones y herraduras.
Un triunfo sin nombre, sin vítores aclamando el juego finito, las piezas derramadas y la suerte echada con unos dados trucados.
Verba volant libres por la bellum tras una ardua lucha que acaba de empezar, cobrándose la juventud del tempus, fugit, abandonando las armas blancas, dejando atrás el clamor de una ilusión infante, hoy tornadas plañideras, hieráticas, inmóviles, escribiendo sobre rocas blanquecinas la misma humanidad día tras día, la repetición de una batalla que no cesa, dejando pequeños rastros sobre arena comida por el mar.
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