sábado, 24 de noviembre de 2018

El monstruo y la puta


Tras una noche como otra de tantas, después de bailes, copas y música, después de los mismos celos, insultos, gritos y zarandeos, volvía a casa junto al monstruo que le mostraría su lado aún más oscuro.

En el camino los esputos retumbaban por las silenciosas calles, los llantos ahogados de ella rompían la serenidad de la noche. Varias personas se percataron, quisieron ayudar, pero ella le eximía de toda culpa a su monstruo y continuó junto a él.

Al llegar al falso cobijo de una casa, ella sintió que la pesadilla acababa de comenzar. Como buena puta que era debía obedecer todo aquello que el monstruo le ordenaba, porque es sabido que las putas hacen lo que se les diga, quieran o no.

Con llantos, gritos enmascarados con música alta la buena puta se negaba a hacer lo que el monstruo le pedía, pero no estaban solos... Para dominar a la buena puta hacía falta otro monstruo más, que allí apareció. Ella sintió terror, puro pavor y ante las amenazas sonrientes cargadas de un horror increíble, la buena puta tuvo que hacer lo que hacen las buenas chicas y llorar amargamente mientras los monstruos reían y se turnaban...

La buena puta fue abandonada en la puerta de su casa, bajo los halagos e insultos a partes iguales de su monstruo, con el alma rota y la boca sucia. No dijo nada en días, porque era su monstruo y ella era su buena puta...

Hasta que un día, tras despertar de las horripilantes pesadillas de aquella noche, se dio cuenta de que no era una buena puta y que él no era su monstruo. Decidió ser la hija de puta y atacó, por los medios de los que disponía, pero todo acabó volviéndose en su contra, no la creían, todos tapaban aquello, no había manchas moradas en su piel que demostraran nada...

Todo aquello quedó archivado en cajas, ella luchó contra sus pesadillas, supo volver a nacer, tuvo que aprender a vivir de nuevo, aprendió a sonreír de nuevo, a recordar aquello como el fragmento de una película de terror cuya protagonista no era ella. Todo esto tuvo que hacer mientras en la misma ciudad, los monstruos siguen caminando, con la frente en alto y con la conciencia tranquila, mientras que ella aún sonríe, pero con parte de su alma rota.

No dejará que los monstruos vuelvan a sus sueños, no dejará de luchar, hoy es fuerte, hoy ella quiere vivir y mostrar al mundo la belleza de una sonrisa. 

Para ti, para todas. 

jueves, 8 de noviembre de 2018

Tras el cristal


Volando a ras de suelo, sintiendo las gotas de los charcos al pasar. Escuchar el sonido de las hojas temblar, crujir a cada alada que doy, pies ligeros dibujan sombras en el frío adoquín, abandonando el cuerpo, dejándome fluir con la llovizna, con el trasiego, con las sonrisas de quienes cruzan a mi lado.

Me desligo de mi carne, dejo que el frío recorra mis entrañas, observo, contemplo todo lo que a mi alrededor sucede y me dejo llevar. Siento el café en mis labios, el brillo de la cristalera en mis ojos, el tintineo de las tazas, el olor a tierra mojada.
Siento la caricia de una madre a su bebé, el suave tacto del cabello de una chica morena, siento el mar en los ojos de una mujer, siento la pena en el alma de un hombre, siento las manos arrugadas de un anciano mientras sostiene tembloroso el periódico, siento las hojas vibrar y chasquir a cada paso de página, siento los labios rojos de una chica en el borde de la taza, su aroma me llega, café y perfume, hace que entre aún más en la vida que ocurre en un solo instante, que se olvida, se desecha, mundano, cotidiano, maravilloso.

Adoro los momentos en silencio, adoro venerar momentos de pura vida, guardar en mis retinas el beso de la madre, el cabello de la morena, la pena del hombre, las manos del anciano, los labios de la chica, el olor a café, papel, perfume y lluvia.