Y de nuevo perdió el avión, de nuevo perdió el vuelo que lo llevaría lejos, dejando atrás insípidas tartas de cartón piedra pintadas en el cristal mojado de una tienda cerrada a la luz del día, cerrada de lunes a domingo, cerrada laborables y encerrada los festivos.
Dejando que la soledad se consuma a sí misma, dejando que se pinte azul los párpados, dejando que se tiña de rubio barato los cabellos, para airear en los ojos del deliro, en unas mesas de tapete verde oxigenado, unas cartas blancas, marcadas, usadas y desgastadas, que se guardan en un bajo vientre mohoso, pidiendo a gritos un suicidio asistido.
Mientras, el avión alza el vuelo, dejando en él una maleta roja y unos ojos negros, erigiéndose entre las estratosferas, congelando pequeñas gotas de cristal, condensándolas entre los vahos del frío intenso. Eligiendo un mal andén para acabar torturado, quemado, descuartizado entre las vías de unos raíles de algodón y deseos rotos por el olor a feromonas gastadas, edulcoradas y pintadas sobre el cuero extendido en la arena ardiente de un desierto gélido.
Decorando unos recuerdos con abetos y dorados lazos, para terminar revistendo el presente con sogas de esparto, mientras la muerte espera pacientemente a colocar sus zapatos al lado de su cama y pasar una noche aullando a la luna y amanecer volando lejos de aquí, con su cuerpo yacente entre sábanas de algodón y cartas marcadas con la sangre derramada de los ojos de una virgen marmólea.
sábado, 27 de noviembre de 2010
lunes, 1 de noviembre de 2010
Vástagos bastardos
Hay unos seres no nacidos en vientres falsos que pueden verter decisiones en mentes con madres gestantes de duras opiniones.
Hijos de una puta barata que llora su pena en los rincones, mientras que un hombre se apodera de su vientre, haciéndolo suyo durante una noche, durante varias, durante años, hasta que fruto de un amor vendido y pagado, un amor falso, un hipócrita deseo formó un pequeño ser, inocente de llamarse bastardo hasta el día en el que su destino selló su vida haciendo de ese título un nobiliario papel que le acompaña en su falsa vida de rey, en su mirada fugitiva, altiva, sumisa, mentirosa...
En su sangre lleva el buscar un vientre de alquiler, el cual usar y tirar, el cual contemplar para luego olvidar. Galán de poca monta pasea un lirio en un roído chaqué, el cual viste con asiduidad, repite toga a cada luna, repite miradas ensayadas en un espejo, repite gestos de otros como él o como él quisiera ser.
Versos practicados en momentos de soledad, para luego recitar en escenarios como un rezo, a veces su público aplaude, otros pocos descubren la sobriedad de un discurso breve y mal ensayado, con muecas poco creíbles haciendo de la representación teatral una cómica farsa, alejándose de ser merecedora de situarse frente a un patio de butacas lleno de féminas receptivas a testosterona adulterada con aromas vendidos sobre la piel de hermanos desconocidos.
Siendo uno de los errores de la madre naturaleza, de un humano que se creyó dios y de una muñeca estropeada, usada y olvidada en los brazos del destino. Perdió su camino y escogió ser imagen en cartel de vástagos deseos, no es quien dice ser, no puede volar, no puede ser fortaleza, no puede abrir los ojos hacia la luz, dejando que sus sueños traguen silencio, ocultando a la luna una cara pálida y llena de golpes contra la tierra en donde la realidad posa sus pies.
Hijos de una puta barata que llora su pena en los rincones, mientras que un hombre se apodera de su vientre, haciéndolo suyo durante una noche, durante varias, durante años, hasta que fruto de un amor vendido y pagado, un amor falso, un hipócrita deseo formó un pequeño ser, inocente de llamarse bastardo hasta el día en el que su destino selló su vida haciendo de ese título un nobiliario papel que le acompaña en su falsa vida de rey, en su mirada fugitiva, altiva, sumisa, mentirosa...
En su sangre lleva el buscar un vientre de alquiler, el cual usar y tirar, el cual contemplar para luego olvidar. Galán de poca monta pasea un lirio en un roído chaqué, el cual viste con asiduidad, repite toga a cada luna, repite miradas ensayadas en un espejo, repite gestos de otros como él o como él quisiera ser.
Versos practicados en momentos de soledad, para luego recitar en escenarios como un rezo, a veces su público aplaude, otros pocos descubren la sobriedad de un discurso breve y mal ensayado, con muecas poco creíbles haciendo de la representación teatral una cómica farsa, alejándose de ser merecedora de situarse frente a un patio de butacas lleno de féminas receptivas a testosterona adulterada con aromas vendidos sobre la piel de hermanos desconocidos.
Siendo uno de los errores de la madre naturaleza, de un humano que se creyó dios y de una muñeca estropeada, usada y olvidada en los brazos del destino. Perdió su camino y escogió ser imagen en cartel de vástagos deseos, no es quien dice ser, no puede volar, no puede ser fortaleza, no puede abrir los ojos hacia la luz, dejando que sus sueños traguen silencio, ocultando a la luna una cara pálida y llena de golpes contra la tierra en donde la realidad posa sus pies.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)