martes, 15 de febrero de 2011

Eire

De nuevo en mi cabeza retumban los sonidos de una gaita tocada al viento en cordilleras pintadas de mil verdes distintos. Otra vez un avión me invita a subir y dejar en un andén los recuerdos sin estrenar guardados aún en su caja de cristal.
Escapar, volar, salir, retomar viejas costumbres, explorar el ego más profundo en tierras que durante la noche, mediante mis sueños, se divisan en el cristal del subconsciente más enraizado bajo el subsuelo de una materia gris. Perdiendo la fe nunca conocida en lo más nuevo por descubrir, anticipando el temor de unas colinas roídas por el uso, siempre las mismas, todos los días el mismo sol que vierte lágrimas doradas sobre las mismas ventanas que cierro ante el ocaso de un día que siempre termina igual, suena monótono y huele a esperanza.

Eire recorre unos recuerdos en los que siempre se escriben las mismas canciones cantadas en un gaélico comprensible a ojo inexperto. Sensaciones en un tren que recorre marismas nubladas, rocosas y de toscos parajes. Echar la vista atrás con una mano hacia delante, anticipando un viaje que el alma pide a gritos. Volver, tengo que volver, encontrarme los mismos ojos con rostros nuevos, las mismas calles tres años después y sentir como si el tiempo no hubiese pasado entre vuelo y vuelo. Allí me espera un reflejo de mis entrañas, un dulce aroma a libertad que asfixia los pocos sinsabores de una vida rutinaria para acabar en el callejón de atrás de ninguna parte.

Tréboles trenzados en cabellos rojizos sobrevuelan el deseo negro de anacarada espuma, a cada sorbo las retinas dibujan lo que un día vieron y escucharon. Pasaportes que vuelven a ver la luz del día, aguardando el momento de cruzar el mar y divisar con la misma emoción la isla de las estrellas azules y verdes senderos.

1 comentario:

  1. Me gusta la fuerza que tienen tus letras..

    Un abrazo
    Saludos fraternos....

    ResponderEliminar