Una única solución se vislumbra entre mis retinas gastadas entre temario anodino, entre desesperanzas antes de comenzar y terminar un arduo proceso de selección, cata de seres humanos, los cuales se tornan grises en una escala de matices imberbes.
Noches de verano anuncian su ingesta tras las ventanas abiertas, maletas cerradas en un altillo olvidado vuelven sus ecos más fuertes. Un simple anhelo de volver, el tiempo no ha pasado, volver a viajar colinas y desiertos, regresar al hogar mudado, encontrar el camino que me conduzca a unos lazos rotos, cosidos con los remiendos de unas ilusiones tiempo atrás pintadas en el andén de la estación.
Ciudad prometida de grandes gestas futuras aún por escribir en un calendario lunar.
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