De nuevo caminando entre los adoquines mojados, el pavimento supura las últimas gotas caídas y el silencio se rompe con cada paso, con cada ladrido, con cada voz.
Con un ritmo sosegado, ando de vuelta a casa, contemplo mi rostro en cada charco, respiro el aire fresco y limpio tras una intensa lluvia. De nuevo las palabras golpean mi frente, esta noche quieren escapar y ser escritas sobre cualquier espacio en blanco.
Hoy pienso en aquellas personas, las cuales comparten su vida con la soledad, el vacío en su pecho, sus voces perdidas entre la multitud, sus manos huecas y sus ojos llenos de pensamientos oscuros.
Sintiendo la pérdida de su ser en cada esquina, siendo el hambre que cobija su delirio y su espejo, la voz de su alma perdida.
Aquellas personas, como gotas transparentes en mitad de un lago, compartiendo su vida con sombras inertes, otorgando la vida a deseos de libertad.
Soledad que se escribe con multitud de matices, soledad buscada, con sus encantos, la mente se dirige hacia un ocaso provocado, un cúmulo de razonamientos muertos, dejando que su ser se esconda tras biombos, perdiendo así su presencia en el mundo.
Soledad perfilada, momentos de evasión de la realidad, dejando cómo único compañero el sonido de un reloj. Soledad programada con el paso de los años, vacío de un hogar en donde el amor se olvidó, envejeció y murió, recuerdos intentan tapar esa realidad, dejando suspiros en el pasillo y crujir de huesos en la cama. Tiradas en camas de hospital, en residencias o en hogares llenos de trastos, sus nombres pasaron a ser grabados únicamente en esquelas, mientras que su prole llora bajo su techo, cobijados entre sus posesiones, dejando que mueran hacinados entre paredes y monjas vestidas de blanco.
Ternura de una pequeña risotada, un hombre fumando en la puerta de un bar, una mujer que se atusa el pelo y un niño contando las gotas que caen del canalón. Ellos llaman mi atención, los rizos de ella, el humo de él y los ojos del pequeño, ellos me recuerdan lo que un día fui, lo que hoy camino y mi cuerpo convertido en humo.
Pensamientos que jamás me abandonan, palabras que siempre me hablan, mientras camino sola.
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