domingo, 15 de julio de 2018

Piel

He escrito versos mancos sobre la piel desnuda, donde el aliento grita entre miradas furtivas la culpa del fuero interno. Dejando sin piedras el camino, sigo el cantar de las ranas, donde desde la torre más alta me dejo llevar por sus voces, que adormecen mi mar bravío y astillan mi yo más profundo.

Pequeñas gotas de tinta supuran de la piel curtida, quemada por el hastío de una luna dormida. Con una pluma rígida y roma, escribo sentencias que caen en silencios profundos, donde sólo el aliento grita lo que el alma esconde.

Cuero resbaladizo recorre las letras de un cuerpo a veces vivo y a veces inerte, forzando suspiros y creando sueños donde las palabras se evaporan tras el ocaso del fuego.

Inocencia amarga, donde el niño tiene miedo de aquella piel pálida, jugando a pintar verbos que se filtran por los poros y calan en las entrañas. Abandona su juego, dejando a su suerte aquellos verbos entre el silencio más profundo de una caja.
Toscas venas recorren la dermis, enlazando raíces que se muestran impasibles ante el acorde de unos dedos blanquecinos, dejando al niño sumido en una catarsis donde sólo su mente dicta normas preconcebidas, atadas a una moral artificial, arrastrando consigo recuerdos pintados sobre un lienzo vivo, ocultando el temor de sus noches anodinas y cubriendo los párpados ante el nuevo sol, ante el nuevo día.

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