domingo, 30 de enero de 2011

Y de nuevo...


Terminando por empezar algo, retomar viejas costumbres y coser retales encontrados en la barra de un bar, las luces se tambalean al paso de de pies cubiertos por una piel fina, helada y blanquecina.
Empezar para terminar una nana hacia una inerte cuna, bajo una melodía que la llama puta, entregando el recuerdo de un nonato en el vientre gestante de la parte trasera de un callejón con salidas a una urbe que duerme de día y miente de noche. Ángeles que nunca acudirán a la llamada de socorro de algo que no existe, no se ha escuchado eco sordo en el atardecer, sobre los edificios caoba y alumbrando una mirada hacia el infinito que no termina de llorar ni empezar a reír, mientras hace tiempo hasta que caiga el sol y se convierta en la antítesis de su imagen frente al espejo, maquillando las estrellas para convertirlas en azul oscuro, dejando que su brillo se apague y así no alumbrar lo que su rostro esconde.

No hay nada que ganar, tampoco perder, sólo esperar pacientemente que se consuma la vela, para arrepentirse en el último hálito de vida y soplar la llama, alargado la guadaña un ratito más, saboreando el final de un viaje que acaba de comenzar, un breve paseo por los cielos nublados dibujando caricaturas en un cuaderno de Bitácora roído y desgastado.
Seguir jugando con fuego para acabar por dejar que su cuerpo se enfríe en cualquier cuneta a la vista de todos y a oído de nadie.

martes, 25 de enero de 2011

Lunes

Frío, nada más salir por la puerta el invierno te abraza, araña la piel blanquecina por la falta de sol, busca cualquier rastro de piel descubierta para besar con sus helados labios y erizar todo el cuero.
El cielo gris con algunas notas azules dejan que mis pupilas se contraigan en un punto perfecto, cualquier movimiento a mi alrededor deja una huella, un aroma, una señal, un caminar, un letrero, un ruido o un golpe, me da igual, el egocentrismo humano torna ser en mi interior, me siento como única en la calle, pienso que soy invisible y me siento a mirar las palomas sobrevolando las palmeras. No me importa nada de lo que ocurre a dos metros de diámetro, en mi cabeza suena una música, transportada de mi mp3 viejo, con el cristal roto y la pantalla desgastada y sin apenas luz.
Como se supone que estoy a más de 200 metros de un colegio, zona infantil u hospital, me enciendo un cigarro, fumo, lleno mis pulmones de tan negro alquitrán como mi chaqueta, peino mis cabellos y enderezo nerviosamente mis gafas, ya hay alguien mirándome, cómo me jode que me miren, me pone nerviosa, empiezo a mirarme en mi reflejo, nada anormal así que sigo mi camino, fumando, pensando, envenenándome y disfrutando de un frío que me encoje el pecho y me corta las manos.

Creo que estoy perdiendo la fe... no, es el mono, voy a comprar tabaco, el suicidio elegante de los años 50, el glamour en forma de 20 palitos que hace que las viejas huyan de mi lado y me miren como una apestada. Yo no digo nada del pestazo a laca que llevan, que me dejen morir tranquila...
Sigo andando, pensando, por más personas que caminen por mi lado no dejo de sentirme aislada, me da igual, el frío me agarra con tanta fuerza que me olvido del mundo y únicamente pienso en mi piel, en las personas que conozco, en lo que debo hacer... en nada, no pienso en nada y continúo.

domingo, 23 de enero de 2011

Domingo

¡Qué dolor de cabeza! no entiendo este dolor, el cuello... más rígido que de costumbre. Tensión nada más levantarme, me gusta... Bueno, bueno, mis pies, parecen dos almohadas, el grosor de mis dedos no es el mismo, ¿qué habré estado haciendo mientras dormía?. Huele a café, me encantaría que me lo trajeran a la cama, mmmm, hace tanto frío fuera, no pienso levantarme nunca, creo que voy a volver a dormirme como siga aquí metida...
He tenido un sueño, no lo recuerdo bien, creo que he soñado que volaba, qué sencillo, volar, atravesar campos verdes, tierras pintadas de marrón y amarillo con un simple movimiento de brazos, tantas veces he querido volar, saltar en el aire, caminar sobre el etéreo cielo y dejar bajo mis pies la muerte que me persigue.
Si volase me escaparía de aquí, dejaría este lugar, no quiero seguir más, me cansé de andar, mira como tengo los pies de andar...
Debería levantarme, pero es que no tengo ni la menor gana, no saldría de aquí jamás, ¿para qué? ¿para ver cómo todo sale por debajo de la puerta? a mí el gato se me escapó hace ya un par de horas...

¿Cuándo piensas levantarte? Hoy las pocas ganas que tenía de moverme las he perdido, como el tren de ayer, pensé demasiado si cogerlo y al final de tanto pensar, lo perdí, haré confeti con los billetes...
Tengo hambre y necesito ir ir al baño, pero es que si salgo el mundo me hará daño, hace frío, tengo que vestirme y no vale cualquier cosa, tengo que ir acorde con la sociedad, acorde con los zapatos, con el bolso... al carajo, me quedo en pijama que me combina con las cortinas.
Me acabo de acordar de unos ojos, verdes claros, preciosos, no sé de quién son, si de un niño, de una mujer, no me acuerdo, sólo sé que eran muy bonitos, que me enamoraron, deseé tener unos ojos así o en su defecto poder mirar unos así todos los días, nada más despertar. Me buscaré un gato con esos ojos, creo que me saldrá más rentable.
Bueno, ahora si me levanto, no puedo aguantar más, deberían inventar algo para esto, para evitar tener que levantarte de la cama ante una urgencia, en fin, lo que si debería hacer es dejar de pensar tanto y enfrentarme al frío de la mañana...

miércoles, 19 de enero de 2011

Insomnia

Si pierde el complejo de hastío, de soledad, de vacío, como quien pierde la sonrisa dibujada a la orilla de un mar de agua dulce y saladas cumbres, derrocando un trono pintado en la pared de un viejo edificio de mármol inventado y ventanas abiertas al cielo.
Preguntar a la noche el camino más corto, deambulando en parajes tintados, encontrar un reflejo familiar en los escaparates y perder la noción de los días frente a un rostro que ya no es el mismo, mutado, vendido, perdido y fulminado por miradas de párpados huecos.
Ahondando bajo la piel, encontrar tierra, arena dorada, fina y tersa cubriendo un pequeño jardín, un edén bajo la carne arañada por la erosión del tiempo dejando dormir por siempre, dejando que nunca despierte el ego, acariciarlo cada noche, mirar como duerme, como respira y sueña, trenzar sus cabellos mientras sus ojos sellados miran hacía el interior de un inerte y dulce deseo.
Al alba coser las heridas de la arenosa piel para durante el día cantarle nanas a la ira, al sucio deseo y a la mentira, buscándole una cuna bajo la cama del ego dormido en las cavidades del bajo vientre, mientras en las paredes se proyectan sombras cavernosas alejadas de una realidad exacta, dibujando su propia visión del mundo, mientras, encadenadas tras un muro, ojos que no ven escriben mitos con un cincel y una piedra, dejando una huella y varios nombres.