domingo, 30 de enero de 2011

Y de nuevo...


Terminando por empezar algo, retomar viejas costumbres y coser retales encontrados en la barra de un bar, las luces se tambalean al paso de de pies cubiertos por una piel fina, helada y blanquecina.
Empezar para terminar una nana hacia una inerte cuna, bajo una melodía que la llama puta, entregando el recuerdo de un nonato en el vientre gestante de la parte trasera de un callejón con salidas a una urbe que duerme de día y miente de noche. Ángeles que nunca acudirán a la llamada de socorro de algo que no existe, no se ha escuchado eco sordo en el atardecer, sobre los edificios caoba y alumbrando una mirada hacia el infinito que no termina de llorar ni empezar a reír, mientras hace tiempo hasta que caiga el sol y se convierta en la antítesis de su imagen frente al espejo, maquillando las estrellas para convertirlas en azul oscuro, dejando que su brillo se apague y así no alumbrar lo que su rostro esconde.

No hay nada que ganar, tampoco perder, sólo esperar pacientemente que se consuma la vela, para arrepentirse en el último hálito de vida y soplar la llama, alargado la guadaña un ratito más, saboreando el final de un viaje que acaba de comenzar, un breve paseo por los cielos nublados dibujando caricaturas en un cuaderno de Bitácora roído y desgastado.
Seguir jugando con fuego para acabar por dejar que su cuerpo se enfríe en cualquier cuneta a la vista de todos y a oído de nadie.

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