martes, 25 de enero de 2011

Lunes

Frío, nada más salir por la puerta el invierno te abraza, araña la piel blanquecina por la falta de sol, busca cualquier rastro de piel descubierta para besar con sus helados labios y erizar todo el cuero.
El cielo gris con algunas notas azules dejan que mis pupilas se contraigan en un punto perfecto, cualquier movimiento a mi alrededor deja una huella, un aroma, una señal, un caminar, un letrero, un ruido o un golpe, me da igual, el egocentrismo humano torna ser en mi interior, me siento como única en la calle, pienso que soy invisible y me siento a mirar las palomas sobrevolando las palmeras. No me importa nada de lo que ocurre a dos metros de diámetro, en mi cabeza suena una música, transportada de mi mp3 viejo, con el cristal roto y la pantalla desgastada y sin apenas luz.
Como se supone que estoy a más de 200 metros de un colegio, zona infantil u hospital, me enciendo un cigarro, fumo, lleno mis pulmones de tan negro alquitrán como mi chaqueta, peino mis cabellos y enderezo nerviosamente mis gafas, ya hay alguien mirándome, cómo me jode que me miren, me pone nerviosa, empiezo a mirarme en mi reflejo, nada anormal así que sigo mi camino, fumando, pensando, envenenándome y disfrutando de un frío que me encoje el pecho y me corta las manos.

Creo que estoy perdiendo la fe... no, es el mono, voy a comprar tabaco, el suicidio elegante de los años 50, el glamour en forma de 20 palitos que hace que las viejas huyan de mi lado y me miren como una apestada. Yo no digo nada del pestazo a laca que llevan, que me dejen morir tranquila...
Sigo andando, pensando, por más personas que caminen por mi lado no dejo de sentirme aislada, me da igual, el frío me agarra con tanta fuerza que me olvido del mundo y únicamente pienso en mi piel, en las personas que conozco, en lo que debo hacer... en nada, no pienso en nada y continúo.

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