martes, 30 de agosto de 2011

Fuyu no sakura

Las palabras brotan en una noche en la que las miradas se diluyen a través de espejos mudos, hacer un nudo entre mis dedos, dibujar con el humo figuras abstractas y soñar despierta con recuerdos que jamás ocurrieron.
Dejarme llevar con el sonido de un amanecer cercano y sentir los días pasados como un vacío entre las semanas, borrar algo que dudo de su veracidad, vencer a los fantasmas, sentirme pequeña, crecer a medida que las palabras acarician mi mejilla y cierran mis ojos esperando el mismo sonido de una puerta abierta y el olor de una melodía.

En mi piel marcas de guerras perdidas, vencidas, retiradas, en mis labios un cigarro seco que enturbian mi mirada, dejándome a ciegas en la noche donde hubo gatos maullándole al cielo gris fingiendo sonrisas de las que ahora no quiero saborear.
Una moneda en el agua turbia, un botón y una rosa, una canción para cada fuente, un ángel para cada recuerdo breve, un amargor para cada eco del inframundo, una lección que jamás pude aprender, una desesperación que arrancó mis ropas dejándolas tendidas en el frio suelo de una habitación vacía.
Una voz de mi interior que repite mis delirios tras culpabilidades hechas carne, gestante de miedos y temores, arrepentimientos tardíos sobre un lecho negro y la calidez reconfortantes de unas frases escritas en un trozo blanquecino, frases sin sentido que me devuelven a la cordura y me dejan soñar libremente de nuevo.

Rarezas

Salir una mañana con los ojos borrados, mochila al hombro, sentir que durante el alba tu cuerpo dejó de ser tuyo, prestando la flor al primer nombre que en tus oídos se susurró, dejando un toque a amargo tabaco en los labios y unas llaves tintineantes entre las manos, al compás de algunas monedas en el pantalón.

Restos de carmín en los labios, un vaquero estrecho, unos cabellos peinados con los dedos y una sonrisa rota en los ojos, el olor del sol maquilla de lila el cielo azul, vertiendo escalofríos en los hombros, dejando que recorran una espalda arañada por el sonido de un samishen.
El alma enjaulada y la carne vendida a unos ojos inocentes, ebrios, sonrientes, liberadores, confesores de secretos envueltos en papel de fumar, extrañezas de los amaneceres pintados de violáceo sobre las noches más tenues, donde da igual quien sea, no importa el comprador, siempre está la misma figura, el mismo nombre que un día sonaron a la noche y hoy se escriben sobre papeles mojados.

viernes, 19 de agosto de 2011

My only friend, the end...

De nuevo acudir a los mismos pensamientos, de nuevo temer lo ya conocido, dejar de vivir en un presente inventado y morir en el hoy más tenue, entre llaves que no abren y ventanas tapiadas.
¿Qué esperar de las lágrimas si siempre son saladas? ¿Qué esperar de las horas si siempre cuentan los segundos? ¿Qué esperar hoy lo que no vendrá mañana?
Dormir en una cama de prestado los días que el sol te da la espalda y se oculta tras barras de bar imberbes y esperanzas mullidas de algodón amarillo.

Y entre tanto bullicio, una figura camina como una sombra sin cuerpo palpable, besando a las esquinas, dejando un aroma a alcohol destilado, mutilado y reflejado en un libro blanco con una única palabra escrita, sola, en mitad de la nada, con muchas páginas por detrás y demasiadas por delante que no anuncian nada, dejando, los días con la luna a medio comer, que el libro se cierre adelantando el final con un epitafio en donde se escriba el nombre de la historia que nunca me paré a escribir.

lunes, 8 de agosto de 2011

Arenas marchitas

De nuevo la misma sensación en el estío más aburrido de la historia, fructíferas ilusiones dejaron paso a la playa inexistente de una sierra montañosa, donde la tranquilidad engordan la conciencia de aquellos pasajes leídos en alguna parte, sin acordarse dónde...
El final del verano trae suerte bajo el brazo, una suerte que me arrancará de la vida durante un largo estadío de tiempo, en el cual las prisas y los sacrificios dejarán una muesca en la vida social, apartándome del mundo, quedándome en medio del mismo, dejando que la vida siga y consuma mis años de juventud entre bambalinas de un teatro mudo.
De nuevo un remiendo más, sentir que los sueños se escapan de mis dedos pintando mis labios para otro presente, uno que en las noches se ausenta y deja una figura vacía y opaca en la almohada sudada.