lunes, 8 de agosto de 2011

Arenas marchitas

De nuevo la misma sensación en el estío más aburrido de la historia, fructíferas ilusiones dejaron paso a la playa inexistente de una sierra montañosa, donde la tranquilidad engordan la conciencia de aquellos pasajes leídos en alguna parte, sin acordarse dónde...
El final del verano trae suerte bajo el brazo, una suerte que me arrancará de la vida durante un largo estadío de tiempo, en el cual las prisas y los sacrificios dejarán una muesca en la vida social, apartándome del mundo, quedándome en medio del mismo, dejando que la vida siga y consuma mis años de juventud entre bambalinas de un teatro mudo.
De nuevo un remiendo más, sentir que los sueños se escapan de mis dedos pintando mis labios para otro presente, uno que en las noches se ausenta y deja una figura vacía y opaca en la almohada sudada.

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