En el filo de un cuchillo baila la ninfa, sobre la carne usada duerme el lobo, dejándose acariciar su lomo viejo, su grisáceo pelaje, intentando aparentar una juventud que no posee, perdiendo la dignidad que con la edad se coloca sobre los hombros.
Sigues siendo un cachorro, sigues dejándote llevar por el viento cálido de los estrógenos, mientras que devuelves el aullido lastimero a la misma luna.
¿Cómo se puede dormir con la conciencia tranquila tras amamantar al cachorro y dejarlo vendido en la puerta de un bar? ¿Cómo callar una simple disculpa y dejar que el olvido tape con arena el nombre de aquella princesa, convertida una noche en fulana?
¿Cómo has de responder, si la muerte ha llegado a tu boca? ¿Por qué miras de reojo cuando el fantasma oscurece la calle y esperas que su estela delate lo que ya has perdido?
Lobezno de canas grises, duerme en el regazo de tu madre, aún te queda tiempo para seguir viviendo la juventud que entre tus calvas se evapora, mientras los recuerdos se escriben de nuevo sobre piel ajena.
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