miércoles, 24 de octubre de 2018

Reflejo de luna


La luz del sol se refleja en el cristal, colgado de una ventana, a merced del viento, a capricho de la lluvia, a los delirios de la noche.

El cristal se mece, dibujando en el aire arco iris, obligando a cerrar los ojos ante los destellos fulgurantes.

La luna se mira, al principio tímida, luego valerosa, esbozando sonrisas frágiles, sintiéndose bella, poderosa, inalcanzable... Pero la luna no sabe que el vaivén acabará cortando el hilo de su espejo, dejando un eco sordo de lluvias vidriosas, convirtiendo su reflejo en pequeñas motas de luz en los fragmentos esparcidos en el suelo, ocultándose entre la hierba, dejando volar la brizna más ligera, persiguiendo dragones de hielo tibio.

Cada anochecer cuenta las gotas de aquel espejo, intentando adivinar su aspecto cada madrugada, tomando en su mirada el rostro desfigurado que los cristales le ofrecen. Perdiendo su luz en mitad de la nada, envidiando a la hierba, soñando despierta, maldiciendo el frágil hilo y su estúpida vanidad.

martes, 16 de octubre de 2018

Otoño


Se respira frío, el sol se oculta, las primeras gotas caen, frescas, apacibles, como un ronroneo sobre las aceras.

Los pasos se tornan aún más cortos, ligeros y rápidos, apremia encontrar un lugar resguardado. Los ojos se ocultan tras los paraguas, el silencio deja paso al bullicio del agua que cae con más fuerza, amenazando con la oscuridad de una tormenta venidera.

Aspiro el aire húmedo, dejo que las gotas acaricien mis manos, observo la lluvia caer y la gente caminar. Piso cada hoja del suelo, su crujir mezcla sensaciones, recuerdos, olores y sabores.

Es otoño, la musa de mis dibujos, mis escritos y mi melancolía. Apacigua el calor ferruginoso de un verano, dejando entrar amaneceres nublados, despejando la mente, dibujando gotas en los cristales, escribiendo palabras bajo el resguardo de una carpa, con olor a café, con las manos mojadas y la imaginación libre.

domingo, 14 de octubre de 2018

An roinnag mu dheireadh


Amanece, tonos rosados acarician el oscuro cielo, los pájaros aletean en las copas de los árboles y el rumor del agua del río se funde con los pasos ligeros de una mañana húmeda, tibia y somnolienta.

Arrancados los pensamientos nocturnos, el aroma a café pulula entre las ventanas de las callejuelas y sacan el hambre de unos labios agrietados.

Garganta seca, tabaco y reflexiones durante la caminata, sudores fríos recorren la espalda de aquella que dormitaba sobre almohadas viejas y sueños nuevos. La brisa enfría el cuerpo, amansa el llanto, adormece el fuego y empuja a seguir caminando, con melodías en la mente y recuerdos en los oídos.

Disfrutar de cada amanecer, con el alma en blanco, dejando que los pensamientos lleguen como los rayos del sol durante su despertar, dibujando huellas, aspirando el olor de un nuevo día, siendo aquella la última estrella del nuevo cielo azul.