Se respira frío, el sol se oculta, las primeras gotas caen, frescas, apacibles, como un ronroneo sobre las aceras.
Los pasos se tornan aún más cortos, ligeros y rápidos, apremia encontrar un lugar resguardado. Los ojos se ocultan tras los paraguas, el silencio deja paso al bullicio del agua que cae con más fuerza, amenazando con la oscuridad de una tormenta venidera.
Aspiro el aire húmedo, dejo que las gotas acaricien mis manos, observo la lluvia caer y la gente caminar. Piso cada hoja del suelo, su crujir mezcla sensaciones, recuerdos, olores y sabores.
Es otoño, la musa de mis dibujos, mis escritos y mi melancolía. Apacigua el calor ferruginoso de un verano, dejando entrar amaneceres nublados, despejando la mente, dibujando gotas en los cristales, escribiendo palabras bajo el resguardo de una carpa, con olor a café, con las manos mojadas y la imaginación libre.
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