Mientras dolores intrauterinos impiden un descanso corporal, echar mano de recuerdos en tierras lejanas, recuerdos que se centran en lo más profundo, de una por siempre incógnita, dejando sin despejar de la mente XY.
Se remontan a tiempo atrás, breve para el mundo, siglos para la memoria. Unos no tan inocentes juegos, despertaron la envidia y los rumores en bocas saladas llenas de lágrimas, mientras que un azúcar amargo se derretía en un paladar infantil. De aquella noche se anunciaban otras tantas, sólo fue el comienzo de un camino con pocas curvas y lleno de baches.
A saltos, ecuaciones se golpean en mi cabeza, no han sido muchas, no han sido todas buenas, algunas montadas como espectáculo circense en una pista solitaria, con poco público, sentado alrededor, vestidos con togas blancas y apuntando un pulgar hacia el suelo mientras ríen brindando sus copas llenas lágrimas de Baco, al son de plañideras con el rímel corrido.
Paisajes de andenes trajeron un remanso de paz a las agitadas aguas, carnoso fruto que alimentó la ilusión y la confianza, devolviendo una vida al cuerpo inerte. Sensaciones cabalgan por una piel lisa dejando huellas, transformando la nitidez en rugosidad, pudiendo leer en braille un cuento sobre mi propio cuero.
Fórmulas breves, códigos binarios con astas rompieron la dualidad de una mente indivisible, únicamente por uno y por sí misma. Números primos, lejos de consanguinidad arroparon caricias en un cuaderno de notas cuadriculado. Sótano, lúgubre, tarde de verano y dos cifras exactas dejaron de sumar ante el ruido de unos pasos en la escalera.
En apenas un decenio, el sótano volvió, mutado de piel, con otro nombre, con otro espacio, con otro ojos y las mismas palabras. En la fresca mañana un toque cálido se fundió con toscos paisajes áridos, con un estómago vacío y unas manos pequeñas.
Tímido ronroneo después de unos rugidos insonoros, alentadores, delatadores de movimientos en un tablero liso. De nuevo una nueva ecuación que resolver, una nueva incógnita de dos factores, lo intenté, comencé a probar suerte, pero no la quise terminar, ecuación inacabada de conocido resultado, dejando a medias un pequeño cuaderno blanco de rayas finas y tapas impolutas.
En pocos días el cuaderno dejará de ser visible en una mesa para formar parte de una carpeta con decenas de anotaciones, cuentas, palabras, recuerdos, odios, verdades, tachones, jirones, divisiones, raíces y nombres, pasando a la historia como una XY sin resolver y un momento que recordar para más tarde, olvidar.
Hola! Perdona mi ausencia de estos días pero la verdad es que se me ha hecho difícil encontrar tiempo.
ResponderEliminarMe ha encantado lo que me has dicho en tu último comentario, y gracias a eso entiendo mucho mejor la entrada de "ecos del bajo vientre" y me gusta aún mas.
Con respecto al miedo, me resulta increíble tu admiración por este sentimiento/instinto. De alguna forma, las pasiones más oscuras del ser humano y primitivas, ejercen un enorme atractivo y son de gran belleza.
Bueno, ahora voy a leerme la entrada en la que estoy comentando que todavía no he tenido oportunidad.
Un saludo