martes, 28 de septiembre de 2010

Un agujero en el tiempo

Un gato, negro, se posa en mi ventana, ¿cómo habrá llegado hasta aquí?. Sus ojos tienen algo extraño, brillan de un modo distinto, pueden atravesar la espesa persiana de plástico fundido, puede arañar sólo con sus pupilas dilatadas el cristal opaco de mi ranura en la pared de la que yo llamo habitación.

Siento un escalofrío intenso que recorre mi espina dorsal abrazando mis vértebras como una enredadera a roídos columpios de metal olvidados en un jardín oxidado, rugen mis cabellos y mis poros se abren expulsando una sudoración helada como el agua de enero.

Miedo, esa sensación que nubla los sentidos y agudiza la imaginación, intensificando el tacto en la piel, capaz de percibir el mínimo movimiento suspendido en el aire. El inicio de la locura, el inicio de la lucha del subconsciente contra la realidad dibujada con colores crema y decorada con dulces aromas a repostería.
Una respiración en la nuca, miradas huidizas por el final de unos ojos delimitados en un rostro paralizado por la intensa descarga en los músculos cobrizos, cubiertos con una piel blanquecina y fría.

El latido de un corazón se funde en el silencio de la noche, se mezcla con el zumbido de un tímpano gastado y una respiración acelerada, se detiene esperando conseguir el silencio absoluto y rastrear el sonido proveniente de alguna parte oscura, húmeda y polvorienta de la mente. Nada, silencio, los pulmones se llenan de aire y vuelve el sonido inquietante, los golpes en el suelo, en el techo, en la cama.

Llegando al límite de lo que un cuerpo puede soportar, la visión se nubla dejando paso a un cuerpo inerte, sombreado y negro, se va acercando, los ojos intentan enfocar ésa figura, pero el barco comienza su lucha contra el oleaje y la estabilidad de unas piernas es derrocada por la pérdida de la consciencia más dulce en un simulacro de muerte súbita.

Edulcorado aroma en un ambiente tétrico, angosto y mohoso, con flores rosas colgando inertes de una pared con vistas a un paisaje verde hecho a mano. Acompañando al laúd sin cuerdas tocado por una sombra sin manos, en la fría luz de la mañana en un invierno olvidado, borrando el pasado robado de posesiones no delatadas, en donde la juventud se pierde con el viento helado de los primeros rayos de sol dejando que un mañana trague futuros incompletos.

La primera luz de la mañana hace que el gato se escape, mi columna pierda el hieratismo y mi mirada se torne vacía, para poder descansar y seguir durmiendo con los fantasmas que me arropan y se arrullan en mi almohada, dejando que duerman conmigo.

1 comentario:

  1. Hum...de este tengo claro que se trata de una noche de sueños/pesadillas. Pero de los ecos del bajo vientre, no me arriesgo a decir nada. Es complejo...y no será porque no lo he leido veces! Dime, ¿a qué te estás refiriendo? Tengo curiosidad. Además resaltar que siempre usas el miedo y lo describes...también es curioso.
    Un saludo Rosario

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