El nuevo frío entra por mis piernas y abrazan firmemente mis caderas, adueñándose de mi paso en la noche. Mi reflejo en los escaparates dista de la imagen que semanas atrás grababa en los cristales, hoy me siento más libre, me siento más perdida en el cielo, con nuevas ideas en la cabeza y viejos zapatos en los pies.
Mi respiración entrecortada se mezcla con el humo de un tabaco ligero y espeso sobre mis cabellos, flotando junto a los deseos que días atrás vertí al final de una carretera.
Hilos en mis dedos que se cortan con la mirada inocente de unos ojos grandes, con el ego crecido y el pelo enmarañado, silencios que susurran pensamientos insonoros sobre la frente, obsesiones que nacen con una puerta cerrada y juventud enfrascada en un lapso de tiempo, adornando la repisa de madera de un bar, junto al bourbon caliente y el ron añejo.
Acariciando el lomo de la bestia dormida, rasgando la guitarra con un oído dócil, con ideas que ya nacieron un apacible domingo y se confirmaron durante ocasos en donde el verano perdía su reino, dejando paso al frío que me envuelve, al vaho en los cristales, a los veinte años consumidos por el aroma de una dama de noche que busca venganza por las marcas que en su piel, el tiempo dejó.
martes, 25 de octubre de 2011
miércoles, 12 de octubre de 2011
...your cornerstone...
Fascinación por lo imposible, dejando que la luna escriba una noche más recuerdos que el pasado abandonó sobre tus retinas, una figura femenina se tambalea mostrando encantos mentidos sobre el frío suelo de lo que un día se contó, de lo que un día existió.
Lo que ante el espejo se muestra, no es real, es el juguete con el que contar el tiempo muerto, es la piel que abrazar cuando la sed aprieta y el estómago se llena, es otra, con apenas un nombre, con apenas una historia, con un único cuerpo, pura mercancía con la que intercambiar olores, puro ego, sólo fuego, parcas palabras.
Aquella se fue, dejando heridas que ahondan y persiguen tus sueños, sólo una sombra deambula por los pasillos, no hay ya esencia de ella, queda su aroma en la almohada, en el armario, en tu pelo, recuerdos.
¿Dónde dirigir tu mirada cuando el horizonte se diluye? Dejar morir el alma tras unos días oxidados, en donde el sol no quema, no calienta y se olvida.
¿Cómo recuperar la fuerza con la que tus ojos miraban a los suyos?
Eso no volverá, dejaste de escribir su nombre en tu piel, abandonando el grabado sobre tu mente, que persigue al fantasma con cadenas de cristal y rememora su voz con canciones escritas con voces rasgadas.
Una historia que se repite en cada esquina, cada día, en cualquier lugar, historias con el mismo final, con distintos personajes, con diferentes nombres, con las mismas penas, observadas con los mismos ojos que comparten ese vacío, pero que jamás vivieron lo mismo. Ojos que no han amado nunca, que jamás conocieron a otros de los que enamorarse y que lloran ahora por el desamor que cada noche los lobos le aúllan al oído.
Lo que ante el espejo se muestra, no es real, es el juguete con el que contar el tiempo muerto, es la piel que abrazar cuando la sed aprieta y el estómago se llena, es otra, con apenas un nombre, con apenas una historia, con un único cuerpo, pura mercancía con la que intercambiar olores, puro ego, sólo fuego, parcas palabras.
Aquella se fue, dejando heridas que ahondan y persiguen tus sueños, sólo una sombra deambula por los pasillos, no hay ya esencia de ella, queda su aroma en la almohada, en el armario, en tu pelo, recuerdos.
¿Dónde dirigir tu mirada cuando el horizonte se diluye? Dejar morir el alma tras unos días oxidados, en donde el sol no quema, no calienta y se olvida.
¿Cómo recuperar la fuerza con la que tus ojos miraban a los suyos?
Eso no volverá, dejaste de escribir su nombre en tu piel, abandonando el grabado sobre tu mente, que persigue al fantasma con cadenas de cristal y rememora su voz con canciones escritas con voces rasgadas.
Una historia que se repite en cada esquina, cada día, en cualquier lugar, historias con el mismo final, con distintos personajes, con diferentes nombres, con las mismas penas, observadas con los mismos ojos que comparten ese vacío, pero que jamás vivieron lo mismo. Ojos que no han amado nunca, que jamás conocieron a otros de los que enamorarse y que lloran ahora por el desamor que cada noche los lobos le aúllan al oído.
jueves, 6 de octubre de 2011
Closer

Extraños en la retina se graban por un breve instante, se pierden entre el humo de mi boca y entre las luces de un otoño caluroso.
Faros alumbran por un momento una pared amarilla, se desvanecen las sombras chinescas y acuden de nuevo a la llamada de la oscuridad. Dibujos caprichosos dejan volar la imaginación, donde los muros tienen heridas y su sangre se derrama por las comisuras de los ladrillos incoloros.
Perder la noción del tiempo mirando a un cielo sin estrellas, sentir las gotas de un rocío salado en la mejilla, saboreando el color de unas manos sucias y unos cabellos perfumados.
Caminar dejando las huellas vacías atrás, mirar fugazmente, seguir caminando, guiando los pasos al ritmo de un corazón, al compás de recuerdos que cortan la fina piel que los recubre, hiriendo la soledad de una calle vacía.
Derrotada, mutilada, magullada y marcada, cuento las lágrimas de una lluvia ficticia sobre el árido suelo y dibujo con mis dedos letras inventadas, palabras que no forman nada, huecos en el aire y rodillas en el suelo.
Una gata en el suelo, en mitad de la calzada, sola, inmóvil, con los ojos brillantes, mirando fijamente a la nada, tensa, hierática, perdida, desorientada, anclada en el duro pavimento, esperando, en silencio, con una mancha negra en el pecho y las pupilas dilatadas, las uñas retraídas y el pelaje sucio, abandonada, con el alma herida y las orejas caídas, sin collar y sin voz para maullar. Vuelve en sí, me mira a los ojos y yo rompo a llorar, ella se gira y comienza a andar, dejándome atrás, olvidando todo en un instante.
lunes, 3 de octubre de 2011
Al respirar

El ombligo que se retuerce sobre sí mismo, dejando una sombra sobre los ojos, una mentira en los dedos y una sonrisa en los labios.
Perdiendo la fe en los dos pies, haciéndonos daños, vertiendo cuchillos sobre espaldas mojadas y escribiendo historias marchitas. Al nacer, abrir los ojos y ver el borroso mundo que jamás ofrecerá una imagen nítida, respirar aire enrarecido y culpar al tabaco del cáncer, de los billetes de quinientos y de las lágrimas que derramo cada vez que se pone el sol, perdiendo las pocas monedas que en mi bajo vientre escondo.
Valentía de unos pocos para mentir con alevosía, para huir con una maleta y dejar a medias tintas unas piernas abiertas, una libreta y una deuda con su alma, vendida de oferta al diablo, mientras conduce hacia el este olvidando la carga que su conciencia se anuda.
Lágrimas de color cobrizo dejan que el odio se preste ante el olvido, ante una súplica inventada, ante el espejo, ante sus ojos, ante los míos, ante el borroso mundo.
El aroma a inocencia se desprende por los poros del hormigón armado, se palpa en los pequeño rayos de sol, se saborea en los gritos de un patio de colegio y hacen olvidar por un instante, el amor adulto que se viste de gala y camufla su asco con carmín rosado.
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