Fascinación por lo imposible, dejando que la luna escriba una noche más recuerdos que el pasado abandonó sobre tus retinas, una figura femenina se tambalea mostrando encantos mentidos sobre el frío suelo de lo que un día se contó, de lo que un día existió.
Lo que ante el espejo se muestra, no es real, es el juguete con el que contar el tiempo muerto, es la piel que abrazar cuando la sed aprieta y el estómago se llena, es otra, con apenas un nombre, con apenas una historia, con un único cuerpo, pura mercancía con la que intercambiar olores, puro ego, sólo fuego, parcas palabras.
Aquella se fue, dejando heridas que ahondan y persiguen tus sueños, sólo una sombra deambula por los pasillos, no hay ya esencia de ella, queda su aroma en la almohada, en el armario, en tu pelo, recuerdos.
¿Dónde dirigir tu mirada cuando el horizonte se diluye? Dejar morir el alma tras unos días oxidados, en donde el sol no quema, no calienta y se olvida.
¿Cómo recuperar la fuerza con la que tus ojos miraban a los suyos?
Eso no volverá, dejaste de escribir su nombre en tu piel, abandonando el grabado sobre tu mente, que persigue al fantasma con cadenas de cristal y rememora su voz con canciones escritas con voces rasgadas.
Una historia que se repite en cada esquina, cada día, en cualquier lugar, historias con el mismo final, con distintos personajes, con diferentes nombres, con las mismas penas, observadas con los mismos ojos que comparten ese vacío, pero que jamás vivieron lo mismo. Ojos que no han amado nunca, que jamás conocieron a otros de los que enamorarse y que lloran ahora por el desamor que cada noche los lobos le aúllan al oído.
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