lunes, 20 de febrero de 2012

Un poco de rocío en las mejillas



Pequeña muñeca de piel clara y cabellos negros, pequeña niña con cuerpo de mujer, no dejes que tu alma sea consumida por las olas, no dejes que él venda tu sonrisa al inframundo por unas pocas lunas.

Eres demasiado diminuta para sus manos, demasiado grande para su corazón, tus lágrimas desprenden el aroma de su piel, dejando tu almohada impregnada de sueños que se van perdiendo por las grietas de una ventana gris.
Muñeca de sonrisa blanca, no permitas que tus pies se hundan en el suelo, aguanta con tus manos el peso de sus mentiras, vértelas sobre su lecho, adorna tu mirada con las flores de una cálida tarde de primavera, no consientas que los días lleven su nombre, corre con el viento a favor y despréndete de las cadenas de tus recuerdos.

Hombre que sujeta con sus duras manos unos dados, una correa y la foto de otra, no consientas que el dulce aroma de ella se aleje de tu habitación. Intenta comprender que los fantasmas nunca vuelven, la foto es un recuerdo vivo de lo que ya murió, malgasta tu tiempo ladrándole a la pared, convierte tu cabecero en el altar que ella se merece y tatúate su nombre en la piel, condena tu alma a ella que no volverá, vives de las migajas que dejó, respiras el aire que ella sopló, comes lo que ella vomitó y escribes lo que ella pronunció.
Buscas su rostro en cada esquina, en cada nueva chica, con otros cuerpos alimentas y mantienes vivo el recuerdo de los ojos que un día amaste, despreciando la nueva carne, matando a dentelladas la ilusión que depositas, tragando las plumas de sus alas, descosiendo lo que tu bordaste, perdiendo la poca dignidad que en ti y en ella existía.

Intenta dormir esta noche con las manos suaves y la conciencia limpia, abandona a aquel que te roba los minutos de tu vida como el oxígeno con cada suspiro y devuélvele el tiempo a los ojos alegres que el espejo añora.

Te regalo todas aquellas palabras que me abrazaron la noche en la que mis lágrimas no dejaban agradecerte todo lo que has hecho por mi. Duerme esta noche como si el sol naciera de tu habitación, duerme, que tu hermana pequeña, tu compañera de guerras velará tus sueños y aguardará al alba para cerrar las cortinas y seguir escribiendo lo que el mundo me cuenta cada atardecer.

Guns and memories

Una sombra en la retina quiero convertir tu imagen, una mancha en mis recuerdos, un borrón sobre mi piel, una palabra ilegible, una piedra en mi camino.
Quiero verte como la tinta que se derrama por las calles, como el nombre que nunca recordaré, como la película que jamás veré.

Soñando con una melodía, recurriendo a cajas de metal pintado, cortando con tijeras de plástico lo que mis ojos vieron. Ahora me hallo borrando mi reflejo del espejo, no reconociendo mi propia mirada, golpeando las paredes con unos pocos cabellos, recordando la sombra de mis piernas sobre el suelo, intentando colocar sonrisas y mentir a la luna.
Un suspiro de mis labios, deseo que seas la brisa que el viento aleja, la nube que oscurece el sol, la gota de lluvia que se evapora, el fuego que se extingue, el cadáver que la tierra consume, el eco que susurra el vacío.

Las manchas de las sábanas jamás desaparecerán, las cicatrices de mis manos me recuerdan que un día mordiste la manzana podrida mientras yo aullaba a mis estrellas, clamando piedad por el alma perdida en aquella habitación, encendiendo velas, mientras el rosario se rompía, desperdigando sus cuentas por el helado suelo bajo la atenta mirada de una virgen en llamas.
Pecados que guardo cuidadosamente en un pañuelo blanco, junto a viejas fotografías, llaves oxidadas, lápices gastados, libretas llenas de tachones en donde las identidades desaparecen a golpe de polvo y abandono.

jueves, 16 de febrero de 2012

Ojos de mar


La gata sobre el tejado rojizo contempla las estrellas en una fría noche, en una de ellas puede leer una leyenda sobre un árbol, anclado sobre una tierra seca, mustia, árida y de un color cobrizo pardo. No crecía nada a su alrededor, únicamente se posaban en sus heridas ramas cuervos con ojos de plata que acompañaban la soledad del desértico paraje con graznidos vertidos al eco más intenso.

Las pequeñas gotas de rocío de la noche alimentaban las raíces del arañado árbol, mendigaba las lágrimas del ocaso del día como una sonrisa al final de la barra de un bar. En su corteza se podía vislumbrar grietas, dejando a la vista un ennegrecido interior, manchado por la ira, por la envidia, por las mentiras y la lujuria que sobre su anterior cuerpo se derramaba.

El pecado de una humanidad metálica corrompió su blanquecino cuerpo, dejándole como castigo, sin importar si se es víctima o verdugo, una dura piel y unas piernas inexistentes, aferradas a la tierra muerta, condenándole en vida a contemplar la muerte con cada amanecer.
Carecía de ojos con los que poder ver el nuevo paisaje en donde se hallaba, obligado a recordar las imágenes que sus ojos vieron en el pasado, viviendo cada recuerdo sin más compañía que la de los pocos cuervos y el aire enrarecido.

Un día el peso de sus ramas cambió, algo suave, algo ligero se había acomodado en su rama, pudo escuchar un canto y no un graznido, pudo oler el aroma dulce que desprendía, sintió que el sol entraba en sus grietas, pudo ver que la muerte no era el final de su camino. Comprendió que el mal, donde en su cuerpo abandonaron, por siempre le acompañará, como también aquella voz suave, como aquellos ojos que tanto daño le hicieron, pero de un color maravilloso, como el agua fresca que caía por su espalda una calurosa tarde de verano. Dejándose llevar por la intensa emoción, su cuerpo se fundió con la seca tierra, recobrando la voz y perdiendo la sed de venganza, consiguiendo volar por encima de aquel valle y apareciendo cada noche sobre una estrella para contemplar tu ocaso.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Vanilla pie


Palabras que escucho en el silencio de la noche, palabras que acabarán con la poca cordura que mantengo entre estas cuatro paredes.
Hoy respiro, hoy el aire sabe a menta fría, mis manos huelen a tabaco y mi boca suena diferente. Una misma imagen bastaba para atormentarme cada noche en mi estrecho lecho, un mismo nombre valía para coser mi alma al techo, una misma sonrisa en el reflejo de mi pelo era suficiente para quemarme la piel.
Hoy mi seda se ha endurecido, mis alas se han caído, mis colores se han apagado y mi gestación ha vuelto a empezar.

Mis piernas dejaron de caminar sobre almohadas y ahora noto el duro pavimento, me quito los zapatos y siento el frío suelo entre mis dedos. Caricias invernales recorren mis tobillos anclando mis claros pies a la tierra, las uñas tintadas de rojo dejan esquelas en bocas ajenas de palabras que un día han de tragar, empujando con el empeine paralelo a una tráquea hundida, pisada y machacada con los talones, hago fuerza para que el aire ahogue las frases vendidas y de nuevo acaricio el mármol con mis pies escribiendo caprichosas líneas que se difuminan con las huellas que algún día dejé olvidadas por ahí.

lunes, 6 de febrero de 2012

Pure afternoon

No sirve de nada mirar al cielo y pintar su atardecer en mis retinas, no sirve verter a una luna llena acuarelas baratas, no sirve adornar las nubes a golpe de carboncillo, es triste respirar el aroma oleoso del ocaso del día, precioso, infinito, breve, intenso, ligero... Inhalo la brisa que el agua de una fuente trae hacia mi, relajo mi pecho y muerdo mis dedos y contemplo la vida que transcurre delante de mis ojos.

Espejos que no me dicen nada, palabras se escriben en el vaho mientras pierdo la noción del tiempo y mi mente pierde las ganas de volar, tirando a ras de suelo verbos que jamás pasaron a formar parte de una frase, de un texto, como un libro con las hojas arrancadas olvidado en el banco negro oxidado, aquel banco en donde la luz peinaba mi fría piel, aquel banco que no perdonó a la paloma tullida.
Vacío mis ojos, lleno mis recuerdos, busco el grafito para dibujar mi sombra en la pared, la cual escapa por las molduras cual Peter Pan, trepa hasta abrir la ventana y descubrir que ya estaba en Nunca Jamás, donde los relojes suenan, los días se suceden, pero no cambia ni un ápice mi reflejo en el subsuelo.

La piel llora y las horas maldicen la pura mañana en la que el frío se precipitó al vacío dejando su halo como un reguero de sangre incolora, salada, apuntalada con diez clavos y atada a un álbum fotográfico. La gota que comenzó siendo ínfima, creció, su cuerpo tomó densidad para terminar por evaporarse en una noche helada con un simple soplo.
Volverás a la cadena de tus recuerdos, caerás en el óxido, mientras que mi nombre siempre se mantendrá cosido en los retales de tu alma junto al cajón del olvido.

jueves, 2 de febrero de 2012

Verba


Tras punteos de guitarra y voces masculinas que gritan libertad a las almas perdidas, al papel impreso y a las miradas fallidas, un acorde termina de verter los últimos deseos sobre un escenario tullido.
Elaborar un paréntesis en el tiempo, dejar sin cuerda los relojes del teatro, escribir canciones mudas para acompañar diálogos con un espejo cóncavo, donde mi cuerpo pierde forma y se diluye entre las bambalinas, perdiéndose como bruma de la mañana por un patio de butacas sin flores, sin almas y con sonrisas torcidas y unas piernas abiertas al final del pasillo.

Atada con lazos de terciopelo, las heridas hierven bajo una luz tenue y las palabras se las lleva el viento. Basta una luna para vaciar el cielo de estrellas, basta un soplo para apagar todas las velas, basta una voz para callar el ruido, basta un sol para borrar dos noches, basta una calada para matar una hora de mi vida, basta todo para acabar con la nada, basta un telón para terminar la función.