Pequeña muñeca de piel clara y cabellos negros, pequeña niña con cuerpo de mujer, no dejes que tu alma sea consumida por las olas, no dejes que él venda tu sonrisa al inframundo por unas pocas lunas.
Eres demasiado diminuta para sus manos, demasiado grande para su corazón, tus lágrimas desprenden el aroma de su piel, dejando tu almohada impregnada de sueños que se van perdiendo por las grietas de una ventana gris.
Muñeca de sonrisa blanca, no permitas que tus pies se hundan en el suelo, aguanta con tus manos el peso de sus mentiras, vértelas sobre su lecho, adorna tu mirada con las flores de una cálida tarde de primavera, no consientas que los días lleven su nombre, corre con el viento a favor y despréndete de las cadenas de tus recuerdos.
Hombre que sujeta con sus duras manos unos dados, una correa y la foto de otra, no consientas que el dulce aroma de ella se aleje de tu habitación. Intenta comprender que los fantasmas nunca vuelven, la foto es un recuerdo vivo de lo que ya murió, malgasta tu tiempo ladrándole a la pared, convierte tu cabecero en el altar que ella se merece y tatúate su nombre en la piel, condena tu alma a ella que no volverá, vives de las migajas que dejó, respiras el aire que ella sopló, comes lo que ella vomitó y escribes lo que ella pronunció.
Buscas su rostro en cada esquina, en cada nueva chica, con otros cuerpos alimentas y mantienes vivo el recuerdo de los ojos que un día amaste, despreciando la nueva carne, matando a dentelladas la ilusión que depositas, tragando las plumas de sus alas, descosiendo lo que tu bordaste, perdiendo la poca dignidad que en ti y en ella existía.
Intenta dormir esta noche con las manos suaves y la conciencia limpia, abandona a aquel que te roba los minutos de tu vida como el oxígeno con cada suspiro y devuélvele el tiempo a los ojos alegres que el espejo añora.
Te regalo todas aquellas palabras que me abrazaron la noche en la que mis lágrimas no dejaban agradecerte todo lo que has hecho por mi. Duerme esta noche como si el sol naciera de tu habitación, duerme, que tu hermana pequeña, tu compañera de guerras velará tus sueños y aguardará al alba para cerrar las cortinas y seguir escribiendo lo que el mundo me cuenta cada atardecer.
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