jueves, 2 de febrero de 2012

Verba


Tras punteos de guitarra y voces masculinas que gritan libertad a las almas perdidas, al papel impreso y a las miradas fallidas, un acorde termina de verter los últimos deseos sobre un escenario tullido.
Elaborar un paréntesis en el tiempo, dejar sin cuerda los relojes del teatro, escribir canciones mudas para acompañar diálogos con un espejo cóncavo, donde mi cuerpo pierde forma y se diluye entre las bambalinas, perdiéndose como bruma de la mañana por un patio de butacas sin flores, sin almas y con sonrisas torcidas y unas piernas abiertas al final del pasillo.

Atada con lazos de terciopelo, las heridas hierven bajo una luz tenue y las palabras se las lleva el viento. Basta una luna para vaciar el cielo de estrellas, basta un soplo para apagar todas las velas, basta una voz para callar el ruido, basta un sol para borrar dos noches, basta una calada para matar una hora de mi vida, basta todo para acabar con la nada, basta un telón para terminar la función.

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