sábado, 15 de diciembre de 2018

Cristal de invierno


Sentada sobre el alféizar, sus cortitas piernas se balanceaban, sus frías manos agarraban con no demasiada fuerza el saliente y su cabeza soñaba.
Tarareaba una canción, quizás de su recuerdo, quizás de su invención, quizás de ambos. Sus grandes ojos marrones observaban ávidos el trasiego, su pequeña boca sonreía y el vaho se dibujaba en el aire.

El frío entraba por los rincones de su pequeño cuerpo, dejando en una especie de letargo sus músculos, pero no le importaba, seguía cantando esa dulce e inquieta melodía, quería sentirse viva, quería seguir en el mundo, quería seguir sentada en la ventana y olvidar por un momento su efímera existencia.

El menudo cuerpo se acurrucó, buscando calor en el granito, sus ojos se cerraron dulcemente y su blanca tez se fragmentó en diminutos cristales de hielo. Con los primeros rayos de sol la canción se disipó, el vaho enmudeció y los pequeños pies dejaron de bailar sobre el alféizar.

sábado, 24 de noviembre de 2018

El monstruo y la puta


Tras una noche como otra de tantas, después de bailes, copas y música, después de los mismos celos, insultos, gritos y zarandeos, volvía a casa junto al monstruo que le mostraría su lado aún más oscuro.

En el camino los esputos retumbaban por las silenciosas calles, los llantos ahogados de ella rompían la serenidad de la noche. Varias personas se percataron, quisieron ayudar, pero ella le eximía de toda culpa a su monstruo y continuó junto a él.

Al llegar al falso cobijo de una casa, ella sintió que la pesadilla acababa de comenzar. Como buena puta que era debía obedecer todo aquello que el monstruo le ordenaba, porque es sabido que las putas hacen lo que se les diga, quieran o no.

Con llantos, gritos enmascarados con música alta la buena puta se negaba a hacer lo que el monstruo le pedía, pero no estaban solos... Para dominar a la buena puta hacía falta otro monstruo más, que allí apareció. Ella sintió terror, puro pavor y ante las amenazas sonrientes cargadas de un horror increíble, la buena puta tuvo que hacer lo que hacen las buenas chicas y llorar amargamente mientras los monstruos reían y se turnaban...

La buena puta fue abandonada en la puerta de su casa, bajo los halagos e insultos a partes iguales de su monstruo, con el alma rota y la boca sucia. No dijo nada en días, porque era su monstruo y ella era su buena puta...

Hasta que un día, tras despertar de las horripilantes pesadillas de aquella noche, se dio cuenta de que no era una buena puta y que él no era su monstruo. Decidió ser la hija de puta y atacó, por los medios de los que disponía, pero todo acabó volviéndose en su contra, no la creían, todos tapaban aquello, no había manchas moradas en su piel que demostraran nada...

Todo aquello quedó archivado en cajas, ella luchó contra sus pesadillas, supo volver a nacer, tuvo que aprender a vivir de nuevo, aprendió a sonreír de nuevo, a recordar aquello como el fragmento de una película de terror cuya protagonista no era ella. Todo esto tuvo que hacer mientras en la misma ciudad, los monstruos siguen caminando, con la frente en alto y con la conciencia tranquila, mientras que ella aún sonríe, pero con parte de su alma rota.

No dejará que los monstruos vuelvan a sus sueños, no dejará de luchar, hoy es fuerte, hoy ella quiere vivir y mostrar al mundo la belleza de una sonrisa. 

Para ti, para todas. 

jueves, 8 de noviembre de 2018

Tras el cristal


Volando a ras de suelo, sintiendo las gotas de los charcos al pasar. Escuchar el sonido de las hojas temblar, crujir a cada alada que doy, pies ligeros dibujan sombras en el frío adoquín, abandonando el cuerpo, dejándome fluir con la llovizna, con el trasiego, con las sonrisas de quienes cruzan a mi lado.

Me desligo de mi carne, dejo que el frío recorra mis entrañas, observo, contemplo todo lo que a mi alrededor sucede y me dejo llevar. Siento el café en mis labios, el brillo de la cristalera en mis ojos, el tintineo de las tazas, el olor a tierra mojada.
Siento la caricia de una madre a su bebé, el suave tacto del cabello de una chica morena, siento el mar en los ojos de una mujer, siento la pena en el alma de un hombre, siento las manos arrugadas de un anciano mientras sostiene tembloroso el periódico, siento las hojas vibrar y chasquir a cada paso de página, siento los labios rojos de una chica en el borde de la taza, su aroma me llega, café y perfume, hace que entre aún más en la vida que ocurre en un solo instante, que se olvida, se desecha, mundano, cotidiano, maravilloso.

Adoro los momentos en silencio, adoro venerar momentos de pura vida, guardar en mis retinas el beso de la madre, el cabello de la morena, la pena del hombre, las manos del anciano, los labios de la chica, el olor a café, papel, perfume y lluvia.

miércoles, 24 de octubre de 2018

Reflejo de luna


La luz del sol se refleja en el cristal, colgado de una ventana, a merced del viento, a capricho de la lluvia, a los delirios de la noche.

El cristal se mece, dibujando en el aire arco iris, obligando a cerrar los ojos ante los destellos fulgurantes.

La luna se mira, al principio tímida, luego valerosa, esbozando sonrisas frágiles, sintiéndose bella, poderosa, inalcanzable... Pero la luna no sabe que el vaivén acabará cortando el hilo de su espejo, dejando un eco sordo de lluvias vidriosas, convirtiendo su reflejo en pequeñas motas de luz en los fragmentos esparcidos en el suelo, ocultándose entre la hierba, dejando volar la brizna más ligera, persiguiendo dragones de hielo tibio.

Cada anochecer cuenta las gotas de aquel espejo, intentando adivinar su aspecto cada madrugada, tomando en su mirada el rostro desfigurado que los cristales le ofrecen. Perdiendo su luz en mitad de la nada, envidiando a la hierba, soñando despierta, maldiciendo el frágil hilo y su estúpida vanidad.

martes, 16 de octubre de 2018

Otoño


Se respira frío, el sol se oculta, las primeras gotas caen, frescas, apacibles, como un ronroneo sobre las aceras.

Los pasos se tornan aún más cortos, ligeros y rápidos, apremia encontrar un lugar resguardado. Los ojos se ocultan tras los paraguas, el silencio deja paso al bullicio del agua que cae con más fuerza, amenazando con la oscuridad de una tormenta venidera.

Aspiro el aire húmedo, dejo que las gotas acaricien mis manos, observo la lluvia caer y la gente caminar. Piso cada hoja del suelo, su crujir mezcla sensaciones, recuerdos, olores y sabores.

Es otoño, la musa de mis dibujos, mis escritos y mi melancolía. Apacigua el calor ferruginoso de un verano, dejando entrar amaneceres nublados, despejando la mente, dibujando gotas en los cristales, escribiendo palabras bajo el resguardo de una carpa, con olor a café, con las manos mojadas y la imaginación libre.

domingo, 14 de octubre de 2018

An roinnag mu dheireadh


Amanece, tonos rosados acarician el oscuro cielo, los pájaros aletean en las copas de los árboles y el rumor del agua del río se funde con los pasos ligeros de una mañana húmeda, tibia y somnolienta.

Arrancados los pensamientos nocturnos, el aroma a café pulula entre las ventanas de las callejuelas y sacan el hambre de unos labios agrietados.

Garganta seca, tabaco y reflexiones durante la caminata, sudores fríos recorren la espalda de aquella que dormitaba sobre almohadas viejas y sueños nuevos. La brisa enfría el cuerpo, amansa el llanto, adormece el fuego y empuja a seguir caminando, con melodías en la mente y recuerdos en los oídos.

Disfrutar de cada amanecer, con el alma en blanco, dejando que los pensamientos lleguen como los rayos del sol durante su despertar, dibujando huellas, aspirando el olor de un nuevo día, siendo aquella la última estrella del nuevo cielo azul.

miércoles, 15 de agosto de 2018

La chica del columpio

Quiso ser valiente, abrió la puerta y se fue, quiso ver mundo, se subió a un tren y viajó, quiso ver en el espejo aquella persona que siempre soñó ser y lloró.

Todo pareció fácil, rápido e indoloro, pero sentía que sus pies apenas tocaban el suelo, sentía que su brújula no apuntaba al norte, sentía el vacío al final de su historia, la cual recién comenzó a escribirse.

El temor se iba apoderando de su cuerpo, la incertidumbre carcomía sus pensamientos, dejando sus planes en el aire, sin castillos, sin globos, sin nubes y con hambre.

Las nuevas ilusiones se iban apagando al son de un silencio cada vez más prolongado, sentía que aquella nueva estrella se difuminaba en el cielo, todas las palabras vertidas aquella noche perdían su fuerza, terminando por vomitar su inocencia, dejando en la cuneta las sonrisas y los cantos mudos de sirena.

Y comenzó de nuevo, maquilló sus labios, adornó sus manos y cosió con hilos trenzados una nueva llave, abriendo otros miedos, pero con los pies aún más cerca del suelo y sin soltar sus manos del cielo.

martes, 31 de julio de 2018

África

Sentada en el bus, la observo, su pelo rizado, oscuro y trenzado. Ella mira por la ventana, todo es nuevo, todo le llama la atención, se siente inquieta, quiere bajar, pero no sabe cómo.

La mujer a su lado va relatando una historia, le cuesta el castellano, pero no es necesaria una conjugación perfecta para hacer estremecer a todo el bus.

La historia es de la niña, que a pesar de su corta edad ha visto todos los horrores que el ser humano es único capaz de hacer. No puedo contener el llanto, la miro y sus ojos felices me sonríen, ajena a la historia de su vida que nos acuchilla el alma.

Ella hoy es feliz, está en un bus, se ríe a carcajadas cuando el conductor retoma el camino tras una parada y ella se deja caer en el asiento, su risa nos contagia y hace disipar las lágrimas de nuestras mejillas.
Creo que lo hace queriendo, para que dejemos de llorar y nos riamos con ella.

Mi corazón se estremece, cuando ella grita emocionada, no entendemos su idioma y la mujer de su lado nos traduce: está deseando poder tomar café en una terraza, como en una película que vio, esta ciudad parece una película y la niña está en ella.

Como he odiado tener que bajar, en mi parada, me despido de la niña, lanzando un beso al aire y ella me devuelve una carcajada, dulce, bella, inocente y tierna, como el ángel que es en un mundo lleno de demonios.

jueves, 26 de julio de 2018

Volver a sentir


Quiero volver a mirar las primeras estrellas del anochecer.

Quiero volver a subirme donde sopla el viento y sentir el frío en mis mejillas.

Quiero volver a sentir el vaivén de las olas y escuchar el silencio más profundo.

Quiero volver a tocar el cielo con mis labios y a acariciar las palabras entre mis dedos.

Quiero sentirme viva de nuevo, empezar todo desde la nada y construir un nuevo camino, donde el horizonte marca mi caminar, sin detener mis pies, dejando que a cada paso construya nuevos recuerdos, poder dibujar nuevos rostros y dejar salir todas aquellas sensaciones dormidas tras un letargo invernal. 

martes, 17 de julio de 2018

Kahlo


Quiero colocar flores en mi pelo, trenzar con cuidado las hojas entre mis ideas y dejar que los colores adornen mi sonrisa.

Quiero pétalos sobre mis raíces, peinar mis cabellos con las púas de una rosa y dejar que su aroma a terciopelo bañen mi mirada. 

Quiero campanillas en mi cabeza, soltar mariposas blancas y escribir versos con los tallos verdes de las amapolas.

Quiero poner una corona de orquídeas sobre mi testa, para ser la princesa de una historia donde solo yo tengo tinta y espada, trono y reino, zapatos de cristal y castillo. Donde yo soy la escriba y narradora, la muerta y viva, la que besa y mata, la que cabalga y navega, la que no persigue al conejo y para el reloj, la que muerde y lame, la que no espera a las doce y conduce su calabaza. 

Quiero flores en mi cabeza para llenar de color mi historia, mi cuerpo y mi voz.

domingo, 15 de julio de 2018

Piel

He escrito versos mancos sobre la piel desnuda, donde el aliento grita entre miradas furtivas la culpa del fuero interno. Dejando sin piedras el camino, sigo el cantar de las ranas, donde desde la torre más alta me dejo llevar por sus voces, que adormecen mi mar bravío y astillan mi yo más profundo.

Pequeñas gotas de tinta supuran de la piel curtida, quemada por el hastío de una luna dormida. Con una pluma rígida y roma, escribo sentencias que caen en silencios profundos, donde sólo el aliento grita lo que el alma esconde.

Cuero resbaladizo recorre las letras de un cuerpo a veces vivo y a veces inerte, forzando suspiros y creando sueños donde las palabras se evaporan tras el ocaso del fuego.

Inocencia amarga, donde el niño tiene miedo de aquella piel pálida, jugando a pintar verbos que se filtran por los poros y calan en las entrañas. Abandona su juego, dejando a su suerte aquellos verbos entre el silencio más profundo de una caja.
Toscas venas recorren la dermis, enlazando raíces que se muestran impasibles ante el acorde de unos dedos blanquecinos, dejando al niño sumido en una catarsis donde sólo su mente dicta normas preconcebidas, atadas a una moral artificial, arrastrando consigo recuerdos pintados sobre un lienzo vivo, ocultando el temor de sus noches anodinas y cubriendo los párpados ante el nuevo sol, ante el nuevo día.

miércoles, 20 de junio de 2018

Volver

Sentí la necesidad de volver a gritar, dejar fluir más allá del papel todas aquellas palabras que cada día bailan en mi mente, impedir que el tempus fugit fuese sentencia sobre todos los recuerdos manuscritos, más aún, cuando varios gritos fueron ahogados por el envejecimiento y supe que era el momento de traspasar el cristal, como un intento de sentirme longeva, eterna y no perecer como aquellos textos, hoy ya enmohecidos.

En seis años, el papel, cuadernos, servilletas, etc, se han ido amontonando en viejas cajas de zapatos, como los recuerdos en mi mente, que hoy florecen, abriéndose cual caja de Pandora y mostrándome mis miedos, mis alegrías, mis penas y mis sueños, todos mezclados, sin orden cronológico exacto y reflejando que el caos en mi mente nunca dejó de existir, sea cual sea el útil de escritura.

Hoy me siento liberada, como aquel que grita sobre un acantilado, como aquella que llora en el mar, como alguien que corre y no deja que el oxígeno en su sangre se agote. Las letras son para mí ese oxígeno, las palabras los músculos que hacen que todo mi ser continúe, mi cerebro bombea ideas cual corazón de corredor bombea sangre hasta el último rincón de su cuerpo. Los verbos se adentran en mí en el enmarañado de venas y recorren toda mi carne, dejando sin resuello mi alma y dibujando una sonrisa en mi mirada.