viernes, 10 de diciembre de 2010

Adán y la serpiente

Entrando en un terreno desconocido, vistiendo ropa de camuflaje que denota mi presencia con sólo maquillar la mirada y esbozar una sonrisa delicada al aire cargado de un mirador lleno de tabaco. Tacones lejanos desvisten mis pies dejando que mis dedos toquen el suelo caliente de un bar en donde mujeres danzan a ritmos tribales un baile en busca de la lluvia que calmará la sed de su entrepierna.
La luna oculta tras las densas nubes lanza besos a un cuello gélido, a una mueca en los labios, a un lobo hambriento que intenta a toda costa alimentar su hambre, ronroneando entre los brazos de una serpiente que contonea su lisa piel bajo el agua que cae por los cristales dejando que aúlle su nombre, que pida el lobo clemencia, pidiendo una limosna de su fría boca.

Es un mundo de hombres en donde las féminas se dejan vestir con piel de cordero reciclada, las palabras se escriben en el vaho de la noche y el viento las acuna hasta que una mano inocente las difumina con las estrellas, dejando que el pequeño y negro lobo busque cobijo en el seno de una madre que nunca lo parió. Instintos se mezclan con una razón que conoce los entresijos de unas mentiras que la serpiente pronunciaba, ella apagó su sed, dejando que la víctima llorase su orfandad en el busto del reptil, esperando a que creciese y se creyese el líder de una manada de machos alfa sin hembras.

Y la serpiente rió, dejó que la lana del cordero vistiera su desnuda piel, agachó la mirada hacia un suelo enmoquetado y esperó a ver en su rostro una angelical sonrisa tras unos ojos encendidos para acariciar el lomo del asustadizo lobo y susurrarle al oído los aullidos que al oscuro cielo lanzó. El lobo se tranquilizó, pensó que era un cazador y que su presa, asustada, dormiría eternamente soñando con la noche en la que él la dominó.
El reptil sabía sonreír, sabía que la presa cazó al hambriento animal, cayó en su propia trampa. La serpiente mudó de piel y buscó otro alfa para su gastada omega, dejando que el mundo gire pensando que es de hombres, mientras que por el suelo tienen serpientes que nunca mordieron una manzana envenenada.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Overbooking

Y de nuevo perdió el avión, de nuevo perdió el vuelo que lo llevaría lejos, dejando atrás insípidas tartas de cartón piedra pintadas en el cristal mojado de una tienda cerrada a la luz del día, cerrada de lunes a domingo, cerrada laborables y encerrada los festivos.
Dejando que la soledad se consuma a sí misma, dejando que se pinte azul los párpados, dejando que se tiña de rubio barato los cabellos, para airear en los ojos del deliro, en unas mesas de tapete verde oxigenado, unas cartas blancas, marcadas, usadas y desgastadas, que se guardan en un bajo vientre mohoso, pidiendo a gritos un suicidio asistido.

Mientras, el avión alza el vuelo, dejando en él una maleta roja y unos ojos negros, erigiéndose entre las estratosferas, congelando pequeñas gotas de cristal, condensándolas entre los vahos del frío intenso. Eligiendo un mal andén para acabar torturado, quemado, descuartizado entre las vías de unos raíles de algodón y deseos rotos por el olor a feromonas gastadas, edulcoradas y pintadas sobre el cuero extendido en la arena ardiente de un desierto gélido.

Decorando unos recuerdos con abetos y dorados lazos, para terminar revistendo el presente con sogas de esparto, mientras la muerte espera pacientemente a colocar sus zapatos al lado de su cama y pasar una noche aullando a la luna y amanecer volando lejos de aquí, con su cuerpo yacente entre sábanas de algodón y cartas marcadas con la sangre derramada de los ojos de una virgen marmólea.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Vástagos bastardos

Hay unos seres no nacidos en vientres falsos que pueden verter decisiones en mentes con madres gestantes de duras opiniones.
Hijos de una puta barata que llora su pena en los rincones, mientras que un hombre se apodera de su vientre, haciéndolo suyo durante una noche, durante varias, durante años, hasta que fruto de un amor vendido y pagado, un amor falso, un hipócrita deseo formó un pequeño ser, inocente de llamarse bastardo hasta el día en el que su destino selló su vida haciendo de ese título un nobiliario papel que le acompaña en su falsa vida de rey, en su mirada fugitiva, altiva, sumisa, mentirosa...

En su sangre lleva el buscar un vientre de alquiler, el cual usar y tirar, el cual contemplar para luego olvidar. Galán de poca monta pasea un lirio en un roído chaqué, el cual viste con asiduidad, repite toga a cada luna, repite miradas ensayadas en un espejo, repite gestos de otros como él o como él quisiera ser.
Versos practicados en momentos de soledad, para luego recitar en escenarios como un rezo, a veces su público aplaude, otros pocos descubren la sobriedad de un discurso breve y mal ensayado, con muecas poco creíbles haciendo de la representación teatral una cómica farsa, alejándose de ser merecedora de situarse frente a un patio de butacas lleno de féminas receptivas a testosterona adulterada con aromas vendidos sobre la piel de hermanos desconocidos.

Siendo uno de los errores de la madre naturaleza, de un humano que se creyó dios y de una muñeca estropeada, usada y olvidada en los brazos del destino. Perdió su camino y escogió ser imagen en cartel de vástagos deseos, no es quien dice ser, no puede volar, no puede ser fortaleza, no puede abrir los ojos hacia la luz, dejando que sus sueños traguen silencio, ocultando a la luna una cara pálida y llena de golpes contra la tierra en donde la realidad posa sus pies.

lunes, 18 de octubre de 2010

Venus

Encerradas en cárceles de huesos, carne y piel, deseosas de ver en su propia tez un anuncio de juventud eterna, y recia musculatura. Competir en una jungla de cal blanca con ostentosas vestimentas y pesados ungüentos distantes de ser mágicos.
Echar un vistazo en un ocioso bullicio, luminosos mensajes incitan al subconsciente a verter hiel en un rostro recién despierto por la mañana e ignorar el brillo de unos iris opacos que se vacían cuando un reflejo muestra su figura.

Preguntar cuál es el suyo, el por qué es la sombra que proyecta su persona y no otra. Una sombra esbelta persigue el plato de alimento dejando sobras mientras gritan de hambre bajo un puente medio construir.
Ayudar a morir a un cuerpo ya inerte lleno de vida, que ve como se consume su tiempo pero no su volumen, mientras un reloj de arena ve apurando las últimas gotas de veneno en la piel de un sapo multicolor y caracoles pacientes en una pared que separa la realidad de una fantasía al alcance de huesos revestidos únicamente con piel y ropas caras.

Hay sonrisas que invaden las concavidades vacías de cuatro salones llenos de sangre, a pesar de la fuerza de la imagen, a pesar de los bellos rostros y matices esculturales, no podrán apagar una lucha contra el exterior de un mundo que olvidó sus profundas cuevas y su magma caliente. Hay reflejos que no tiemblan con las ondas del agua en estanques salados dejando huir a las carpas, pero dejando hipnotizadas a las ranas mientras las ninfas envidian la paz de un jardín zen.

Quizás ahora siento que he vivido encerrada, quizás es ahora cuando mi sombra se proyecta única en el suelo, cuando mi puente se construyó hace tiempo y es ahora cuando veo mi reflejo en el espejo, huyendo de vampíricos pensamientos, es mi rostro, son mis iris apagados los que iluminan el sol de la mañana y no los luminosos proyectiles que atormentan mi parada en cada bajada.
Y hoy veo sonreir a quién lloró lágrimas de cristal.

viernes, 15 de octubre de 2010

Al romper un espejo

Decir adiós siempre rompe algunos labios al pronunciarlo con todo su sentido, con toda su esencia, con toda su verdad. Dejar atrás un sueño, aparcarlo en una esquina de la decepción y comenzar de nuevo en una partida ya empezada, ya conocida, una vez creyendo perdida, pero ahora de nuevo retomada.

Una esperanza batida a tiros en un paredón blanco, una diana clara en un día nublado, un dolor en la garganta que suplica clemencia y enciende velas a los muertos. Inciensos adornan los olores de un altar prestado, de unas ilusiones que se aferraban a las barbas blancas de un hombre calvo, todo, lo que sea, promesas, rezos y emociones que se baten en una red para saborear un amargo final en una ciudad poco conocida, pero sin embargo encantada.

Nuevos caminos se abren en un horizonte incierto, un temor inunda los salones torácicos mientras que el latir de un corazón herido vierte lágrimas secas en pañuelos de papel, no comprender como un sueño tan férreo puede derrumbarse como un castillo de naipes en día de tormenta. Los peores miedos llegaron a dar su oscuro rostro y se llamaron con un nombre propio.

Despedida de una habitación en donde noches en vela inundaron de ilusiones decorando la desnuda pared y las vacías estanterías, llenando un armario de promesas de futuro que ahora esperan inciertos a una maleta y una carretera.
El puente cayó mientras que se abre una senda pequeña y angosta de dudoso final, en un día donde el sol brillaba con fuerza, las tinieblas comieron a bocados la claridad de la luz dejando al sol en la vergüenza de su cuero gris, triste, mustio, dejando en su soledad rincones de rencor, de decepcíones, frustraciones, de pasiones perdidas y barcos varados en una arena de hormigón pintada de blanco.

Decir adiós en unos labios agrietados hace daño en el alma, dejando un recuerdo agridulce de un sueño que se cambió por otro en una feria de poca monta. Un adiós vendido a promesas que postponen sus palabras a otro destino, cambiado, mutado, arrepentido de dejar volar a un ave con soga al cuello, obligándolo a volver a la jaula de cristal, tan bonita, tan propia, con golondrinas que esperan su regreso y ratas que la esperan en el suelo.

No hay mal que por bien no venga, pero vuelve el nombre, no la persona, vuelve la materia, pero no el ente, vuelve la cabeza, pero no la mente, vuelve el corazón, pero esta vez, metido en un frasco con formol.

domingo, 3 de octubre de 2010

Cromosoma

Mientras dolores intrauterinos impiden un descanso corporal, echar mano de recuerdos en tierras lejanas, recuerdos que se centran en lo más profundo, de una por siempre incógnita, dejando sin despejar de la mente XY.

Se remontan a tiempo atrás, breve para el mundo, siglos para la memoria. Unos no tan inocentes juegos, despertaron la envidia y los rumores en bocas saladas llenas de lágrimas, mientras que un azúcar amargo se derretía en un paladar infantil. De aquella noche se anunciaban otras tantas, sólo fue el comienzo de un camino con pocas curvas y lleno de baches.
A saltos, ecuaciones se golpean en mi cabeza, no han sido muchas, no han sido todas buenas, algunas montadas como espectáculo circense en una pista solitaria, con poco público, sentado alrededor, vestidos con togas blancas y apuntando un pulgar hacia el suelo mientras ríen brindando sus copas llenas lágrimas de Baco, al son de plañideras con el rímel corrido.

Paisajes de andenes trajeron un remanso de paz a las agitadas aguas, carnoso fruto que alimentó la ilusión y la confianza, devolviendo una vida al cuerpo inerte. Sensaciones cabalgan por una piel lisa dejando huellas, transformando la nitidez en rugosidad, pudiendo leer en braille un cuento sobre mi propio cuero.

Fórmulas breves, códigos binarios con astas rompieron la dualidad de una mente indivisible, únicamente por uno y por sí misma. Números primos, lejos de consanguinidad arroparon caricias en un cuaderno de notas cuadriculado. Sótano, lúgubre, tarde de verano y dos cifras exactas dejaron de sumar ante el ruido de unos pasos en la escalera.

En apenas un decenio, el sótano volvió, mutado de piel, con otro nombre, con otro espacio, con otro ojos y las mismas palabras. En la fresca mañana un toque cálido se fundió con toscos paisajes áridos, con un estómago vacío y unas manos pequeñas.
Tímido ronroneo después de unos rugidos insonoros, alentadores, delatadores de movimientos en un tablero liso. De nuevo una nueva ecuación que resolver, una nueva incógnita de dos factores, lo intenté, comencé a probar suerte, pero no la quise terminar, ecuación inacabada de conocido resultado, dejando a medias un pequeño cuaderno blanco de rayas finas y tapas impolutas.
En pocos días el cuaderno dejará de ser visible en una mesa para formar parte de una carpeta con decenas de anotaciones, cuentas, palabras, recuerdos, odios, verdades, tachones, jirones, divisiones, raíces y nombres, pasando a la historia como una XY sin resolver y un momento que recordar para más tarde, olvidar.

martes, 28 de septiembre de 2010

Un agujero en el tiempo

Un gato, negro, se posa en mi ventana, ¿cómo habrá llegado hasta aquí?. Sus ojos tienen algo extraño, brillan de un modo distinto, pueden atravesar la espesa persiana de plástico fundido, puede arañar sólo con sus pupilas dilatadas el cristal opaco de mi ranura en la pared de la que yo llamo habitación.

Siento un escalofrío intenso que recorre mi espina dorsal abrazando mis vértebras como una enredadera a roídos columpios de metal olvidados en un jardín oxidado, rugen mis cabellos y mis poros se abren expulsando una sudoración helada como el agua de enero.

Miedo, esa sensación que nubla los sentidos y agudiza la imaginación, intensificando el tacto en la piel, capaz de percibir el mínimo movimiento suspendido en el aire. El inicio de la locura, el inicio de la lucha del subconsciente contra la realidad dibujada con colores crema y decorada con dulces aromas a repostería.
Una respiración en la nuca, miradas huidizas por el final de unos ojos delimitados en un rostro paralizado por la intensa descarga en los músculos cobrizos, cubiertos con una piel blanquecina y fría.

El latido de un corazón se funde en el silencio de la noche, se mezcla con el zumbido de un tímpano gastado y una respiración acelerada, se detiene esperando conseguir el silencio absoluto y rastrear el sonido proveniente de alguna parte oscura, húmeda y polvorienta de la mente. Nada, silencio, los pulmones se llenan de aire y vuelve el sonido inquietante, los golpes en el suelo, en el techo, en la cama.

Llegando al límite de lo que un cuerpo puede soportar, la visión se nubla dejando paso a un cuerpo inerte, sombreado y negro, se va acercando, los ojos intentan enfocar ésa figura, pero el barco comienza su lucha contra el oleaje y la estabilidad de unas piernas es derrocada por la pérdida de la consciencia más dulce en un simulacro de muerte súbita.

Edulcorado aroma en un ambiente tétrico, angosto y mohoso, con flores rosas colgando inertes de una pared con vistas a un paisaje verde hecho a mano. Acompañando al laúd sin cuerdas tocado por una sombra sin manos, en la fría luz de la mañana en un invierno olvidado, borrando el pasado robado de posesiones no delatadas, en donde la juventud se pierde con el viento helado de los primeros rayos de sol dejando que un mañana trague futuros incompletos.

La primera luz de la mañana hace que el gato se escape, mi columna pierda el hieratismo y mi mirada se torne vacía, para poder descansar y seguir durmiendo con los fantasmas que me arropan y se arrullan en mi almohada, dejando que duerman conmigo.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Ecos del bajo vientre

El clamor de unas trompetas irrumpen en los salones del bajo vientre, el infierno arde y acaba con todo lo que a su paso encuentra.

Sentir un final amargo anticipado en los labios, sentir una concavidad vacía, estirada por la presión arterial de un arma blanca, heridas expuestas ante un homicidio consentido, una única franja abierta, mullida, tierna, suave. Una trinchera donde cobijar a un único soldado sediento de sangre, mientras una guerra estalla en las montañas hiriendo con dentelladas yugulares enemigas, rociando caricias de queroseno ardiente en la piel del contrincante y rasgando sus vestiduras, dejando a la vista unas vergüenzas desprovistas de rubores.

Pesadillas al alba gritan banales deseos de media noche, tinta en la piel y aullidos sordos haciendo eco entre cuatro paredes blancas para terminar durmiendo entre sábanas de lino imitado y un colchón prestado.

Mirar el final incierto de un filme nunca estrenado, leer guiones a medio escribir esperando en la puerta a que un león ruja y se apague la pantalla.
Manos vomitan una sudoración fría calmando el fulgurante calor del infierno al menos por un breve estadío de tiempo. Perdiendo la noción de los recuerdos, sombras evocan gestas pasadas que dudan de su existencia o simplemente el viento borró los recodos de abrazos mentidos y sonrisas a medio terminar.

Anhelos de miedos que se sienten cerca, agarrar el primer tren y dejar atrás el ocaso de un mundo en el que los últimos mueren de soledad y los primeros sonríen delante del espejo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Ella


Cuando las lágrimas caen al suelo en pequeñas dosis de dolor cristalizado, todo se vuelve gris, opaco. Las sonrisas son de color ocre, las miradas como cuencos vacíos, las caricias como espinas de rosal…
Ella lo sabía, había algo en su interior que se lo advertía, pero hizo caso omiso y continuó, a pesar de todo, a pesar de caminar sobre cristales, a pesar de respirar humo, ella continuó. Quizás sea ahora cuando se arrepiente, quizás es ahora cuando le duele sonreír, quizás ahora es demasiado tarde.
Cuando uno se aferra a los restos de un navío a la deriva, sólo porque aún flota en el mar, cae en el error de pensar en que nunca se hundirá, pero llegará el día en el que el navío no aguantará su peso y ambos se hundirán, ahogando latidos de corazón bajo el intenso azul mar.

Pasarán décadas y todo sigue igual, su arrugada alma, arañada por el paso del tiempo, han dejado surcos que nunca sembraron nada. En la soledad de su repisa, observa la juventud que ya no está, la juventud consumida entre humo y alcohol, entre cafés y pasiones espontáneas, volátiles como globos en el cielo.
Sabores amargos luchan por escapar de su lengua, pero ella lo sabía, y guardó en lo más adentro de su corazón un pequeño cofre llamado dolor, aguardó ahí años, pero ella lo sabía. Nunca pudo dar salida a todo lo que sentía e intentaba huir, pero la seguía y ella lo sabía.
Apasionada cuando aún era flor, vieja gloria que se pasea entre trastos viejos, entre polvo y moho, que son ahora recuerdos, el pasado dejó de existir y todo se olvidó, todos se olvidaron de la estrella que más brillaba en el firmamento.

Nadie supo conservarla, dando tumbos de cama en cama, lamía con fervor restos y sobras de cariño que cualquiera mostraba, pero ella lo sabía y aun así seguía. Ahora lame esos recuerdos que son tan crueles como su propio presente.
Sale a la calle con carmín rojo en los labios y negro en las pestañas, camina con pesados ropajes y guantes, a pesar de que no hace frío; su mirada, aún altiva, desafía a quien se cruza en su camino, pero teme a las miradas, se atusa el pelo, jirones de blancos cabellos cuelgan de hilos de plata, cabellos que antaño se mecían con el vaivén de la pasión, sólo cuentan tristes su soledad y delirio.

Nunca aprendió a amar, nunca aprendió a ser amada, pero ella lo sabía y aun así siguió

jueves, 9 de septiembre de 2010

Breathe underwater


Te despiertas en mitad del mar sudando sal a espuertas, esperando a que alguien la compre por un precio razonable. Esperar para dejar de respirar entre algas de hormigón, sentir que el aire te falta, intentar olvidar todo lo que asfixia el cuello del cisne que nunca llegó a ser patito.
Perder un tren en un andén sin raíles, que se difunden en el horizonte, mientras en los periódicos escritos los titulares con sangre vocean galas y trajes verdes de camuflaje y cajas de pino apuntaladas hacia el cielo.

La noción de los días cambian con el sol apuntando al suelo, los caballos galopan alejándose de los verdes prados, un fuego inminente imperceptible, una llama encendida, pero invisible, da la alerta con luces rojas carmín, esperando la llegada de un hidroavión cargado de metal.

¿Dónde cantan las águilas? ¿dónde los cuervos vierten ojos negros a una sombra indeleble al agua? ¿dónde se esconden las golondrinas cuando sus nidos lloran?

Castillos de naipes caen ante el ataque de un mar arrastrado por aves y trenes extraviados, perdidos, fantasmas. Olas de amarga realidad abofetean un rostro herido por el ardiente sol estival, dejando recuerdos agridulces en los labios, risas en el corazón guardadas, rostros difuminados, besos que nunca existieron, mapas perdidos en montañas áridas.

Cuesta respirar, cuesta caminar cuando el sol te da la espalda, cuesta ver la luz cuando tus pupilas se contraen y se cierran en un círculo cromático en el cual sólo existe el negro. Vencidas manos borran los pocos recuerdos que le golpean el bajo vientre, escribiendo una historia en la más profunda inmensidad.





http://www.youtube.com/watch?v=abghmyTAIII

sábado, 4 de septiembre de 2010


En desiertos oscuros llenos de clarividencias trucadas sólo cabe uno, no hay espacio para el gentío abarrotador esperando en la cola de un concierto mudo. Dedos cruzados esperan señales divinas en el banco de una habitación sagrada, una frase, una paloma con mensaje tatuado en su frágil pata de hueso hueco.

Tosca cabeza pesada, golpea las mesas en busca de alguien que le abra la puerta, vacío, no está, murió, pero de repente una sombra de lo que fue y nunca sucedió se cruza dando leves pisadas a un suelo arenoso, gris. Perdiendo la noción de los días, volcando hiel por una garganta de metal sintiendo un toque imaginario, sintiendo algo incorpóreo, daliano, utópico.

Plegarias a una virgen de metracrilato, llorando sangre pintada en sus mejillas ignora las súplicas de una voz atea que necesita un soplo de vida, necesita ver el mar en sus ojos, sentir el blanco de la nieve en sus labios, sentir la lluvia en su cara, sentir su nombre en el pecho y gritar a viva voz su recuerdo.
Meciendo cabellos cortados, espejos rotos por la ira, por la decepción, es todo lo que pidió, un rezo al atardecer que nunca llega, una tristeza que le cubre el alma antes de que la luna toque el fondo del mar opaco.

Se siente fuera de juego, una vez rozó la cúspide de un torreón, cerca del cielo con los pies lejos de la tierra. Hoy toca su alma el subsuelo, Baco no ayuda a evadirse de una ilusión pasada. No puede ver la realidad, no quiere acabar lamiendo recuerdos de segundos acortados por risas y perversiones del mundo real, no quiere sentir el dolor de su pecho mientras sus piernas tambalean guiando sus pasos hacia el ocaso.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Siéntate


Butacas roídas me invitan a entrar en un sueño placentero, cierro los ojos, unas cortinas rojas de terciopelo se abren dando lugar un escenario vacío. El eco del polvo cae como lluvia en un suelo de madera, laúdes de cuerdas mordidas yacen en las paredes.
Una luz me invita a salir...
- ¿Qué ves?
- Nada
- Sigue mirando...
- Veo, algo, veo flores blancas, paisajes verdes, veo tejados rojos... me veo a mi, ¿soy yo?, estoy tumbada en la hierba, parezco dormida, estoy sonriendo, pero, ¿dónde estoy?
- Donde quieras, estás
- Estoy en un lugar hermoso, donde el verde es más verde, donde los animales vagan libres, donde no hay llantos, donde el hombre es hermano y la mujer madre gestante de fraternidad, no hay escaleras, no hay muros, no hay trincheras ni batallas, no hay hambre, no hay sangre, no hay velos, no hay cadenas, donde hay sonrisas, donde hay caricias. Estoy donde los besos saben a fruta, los susurros a suave azúcar y las palabras no se las lleva el viento. Estoy en mi propio cielo.
- Es la tierra, es tu hogar, pero sólo cuando duermes. Despierta y verás tu mundo, tu cielo en la tierra si así quieres que sea, puedes vagar por el infierno si decides que no puedes hacer nada...

Abrir los ojos es tan doloroso, dejar atrás lo más hermoso, hay que despertar, pero no quiero, quiero dormir por siempre y olvidar que mi mundo es otro.
Unos ojos azules me indican que debo volver, ¿son recuerdo o de mi sueño? un azul tan profundo que erizó la piel de mi nuca dejando un sabor a terciopelo blanco.
Una lengua extraña me susurra, algo me dice, no la entiendo, caballos negros cabalgan de nuevo en el inmenso campo abierto, en busca de nuevo, cabalgan dejando herraduras en la tierra, los caballos vuelven...

Me senté, pensé y soñé y vi lo que en mi mente habita, escuché lo que mi subconsciente me decía, he vuelto a dejar libres los caballos, he sentido su galope.

¿Qué sientes tu?

domingo, 15 de agosto de 2010

On the road


Alisadas miradas de alquitrán filtrado por un tubo de ensayo blanco, marcado el camino con tacones de aguja bajo el sol más intenso en pleno mes de agosto. Un hedor a gasolina y rugidos emprenden un viaje en donde el cielo raso gris no anuncia nada. A través de medianas ventanillas divisar un paisaje tosco, marrón y verde acompasados a los acordes de un contrabajo hasta llegar al desierto sin dunas.

Un mar de rocas estallan sus olas en mitad de la esquina inferior del alma, del continente torácico, música hablada en mis oídos pueden vislumbrar una pequeña figura saliendo del mar, cabalgando sobre espumas doradas un ser inerte lleno de vida. En la noche aparece y durante el día miradas fugitivas, huidizas ponen en incertidumbre un oleaje que no sabe donde ir, no sabe silbar chocando su rostro contra el viento, contra la tez de una arena rugosa. Vientre gestante de alimento espera paciente que reduzca su volumen para esconderse entre las palmeras y la hierbabuena del subsuelo.

Lloras en la arena, así creando gotas saladas de océanos varados en una tierra seca. Recuerdos inanimados bailan en la mente, tragan nubes y vierten hiel en un estómago henchido de orgullo herido. Flores secas anidan chinches que graznan cuales cuervos en el quicio de mi ventana.
Despierto, veo que mi mundo es otro, un mundo donde el sol no quema, donde los labios no mienten, donde esa voz que me hace llorar no existe y hoy sonrío, miro un espejo liso un rostro alegre, algo me araña mi tráquea y mi estómago, pero no puedo cambiar nada, he vuelto y pronto me iré, para no poder retroceder y continuar el camino marcado de blancas líneas amarillentas.

Pensar en un trayecto largo, en risas grabadas, en pensamientos volátiles, en paisajes áridos llenos de belleza, el agua en mi piel, volver, caminar hacia atrás para volver a ver con los mismos ojos otros oscuros, pequeños y tímidos, valientes de esconderse tras unos párpados que no ocultan nada, pero sin embargo lo ven todo.

Cambié, muté, recordaré pero pronto mudaré de piel.

domingo, 1 de agosto de 2010

Algo que picar entre horas

De nuevo respirar bocanadas de aire puro al son de canes aullando a la noche más intensa, donde las estrellas brillan e iluminan el cielo azul oscuro, dejando atrás nubes de queroseno y el calor fulminante de suelos de hormigón y cemento.
Volver a oler el dule aroma de la tierra, arropada con una fina sábana dejando que las frescas brisas templen mi piel, así volviendo a retomar los ecos de mi mente a grafía inerte de viva voz.


Luz de media luna invocando tenues sones a la sombra de una espiral, crecer en vientre ajeno aullidos rompiendo el cristal de unos espejos volátiles a la luz del sol, regando con cuentagotas de sangre un tallo verde que nace de entre las tierras hostiles, surcos plantan miembros arrancados en sembrados de trigo caoba, escribiendo una sonata de llanto allegro donde plañideras vierten hiel a una tumba corroida del paso de las almas, desgastando la roca tras el vaivén del tiempo.


Se cierra entonces el círculo cromático en tres primarios instintos, el hambre aullaba a su soledad, ríos de tinta para calmar la sed, vorágines deseos escriben el culmen de una noche con luna llena en su inicio y nueva en su ocaso.
Verter todo de una caja cerrada en el primer asalto, dejando indefensa a la piel, ante las garras de un sumiso ronroneo implorando dominancia.
Todo lo que toco se convierte en hojalata, o más bien, oro parece y en realidad no es.

Al salir el fustigante sol la caja está vacía, las garras retraídas y los colores del arco iris no son más que destellos de luz en un espejo partido. Galopar a un tiempo atrás para volver a saborear las mieles del éxito en una cola de racionamiento, libre de infecciones y embarazos no deseados.

sábado, 24 de julio de 2010

Conciertazo



Al fin acudí a mi tan ansiado concierto, Placebo estuvo sublime durante hora y media, de las que jamás podré olvidar. He sido inmensamente feliz durante una fracción de tiempo, en la cual baile, grité, alcé mis manos al cielo y sentí la música vibrar bajo mi piel. No tengo más palabras, ya sólo recuerdos maravillosos de este 2010. Bravo Placebo.

viernes, 23 de julio de 2010

Te echo de menos


Ha pasado ya cierto tiempo, pero te sigo echando de menos, me falta tu compañía, tu apoyo, tu alegría, tu cariño. No quiero recordar la fecha en la que te fuiste de mi lado, pero sí en la que apareciste, un frío noviembre, mi noviembre dulce, en donde de entre muchos te elegí a ti, estabas algo malita y eras la más delgada de todas, pero tus ojos brillaban más que nunca.

Mi niña lucentina, el viaje de vuelta a casa, a tu nueva casa, lo pasaste durmiendo entre mis piernas, estabas agusto, estabas feliz y yo sonreía al ver tu pequeño cuerpo estirado y acomodado en mis pantalones. Me gustaba sentir que respirabas, que eras una pequeña joya de color marrón, negro y blanco a la que tenía que mimar, porque quererte ya te quería nada más verte.

No me dejaste dormir en toda la noche, querías jugar, llorabas porque me dormía y porque no podías saltar hasta mi cama, eras muy pequeñita. Al final pudiste dormir en el pecho de mamá, sentiste el calor que una persona puede dar a una pequeña cachorrita delgadita y bonita.

No tardaste mucho en sanar, engordaste tanto que tu tripita rozaba en el suelo pero nunca dejaste de jugar, tan pequeñita defendías a tu familia con uñas y dientes, no te importaba que fuese veinte veces más grande que tu, éramos tu familia.
Creciste pronto, fuerte y tan sana que el pelo te brillaba sin tener que envidiar a ninguna modelucha del pantene. Ahí conociste a tu fiel compañero, Thor, ese que no tenía ninguna raza, simplemente era guapo y el más noble camarada.

Tanto él como yo seguimos mirando en tu casita a la espera de que salgas a lamernos la nariz. Él aúlla llamando a la madre de sus hijos, se siente extraño, nunca has estado fuera tanto tiempo. Ha comenzado a comprender que nunca más volverás y sabe que no está del todo solo, nos tiene a nosotros que lo mimamos un poquito más.

Desde hace diez años he sentido lo más profundo con vosotros, he querido más fuerte que jamás podré querer, habeis sido los primeros, mis hijos mayores, mis niña y mi niño, por eso te digo Nissa que te echo de menos, no me acostumbro a no escuchar tus ladridos en las noches, tu respiración fuerte cerca de mi ventana, tu seguridad ante la puerta, tu delicadeza con los niños, aguantabas todo sin dejar de mover tu amputada colita. Sabías lo que nos hacía falta, siempre querías jugar incluso cuando dos enfermedades acabaron contigo.

De nuevo adiós, espero que hayas sido tan feliz durante estos diez años como yo lo he sido contigo, te quiero mucho mi niña chiquita, mi gorda, mi loca, mi Nissa.

Rompamos una botella en proa

Inauguración, quizás poco clamorosa de un atisbo de intimidad publicada en vista de unos pocos ojos, que en como todos lados se cansaron de mirar, se cansaron de leer.

Poco que decir de mi lengua, el castellano, profanada por mi mente y asesinada por mis manos, no espero publicar best sellers, simplemente compartir lo que un día nació de mi sesera abierta para que las aves puedas picar las migas de pan restantes de una cena ostentosa y simple, en donde Baco con vino de brick invita a una copa en vaso de litro de plástico transparente a quienes quieran disfrutar de la más humilde compañía. Bienvenidos.

En un mes de pleno estío, no encontrar un lugar en la cama donde reposar el cuerpo hace que entre en ebullición miles de palabras. Ahora es cuando no ver la luz del sol calma los sentidos más adormecidos durante el húmedo invierno, una piel pálida no sangrará si el sol no la hiere, dejémosla descongelarse en la sombra.

Comenzar por un tiempo remoto atrás en donde columpios roídos se balancean al son de sonrisas blancas, guiando hacia un camino pedregoso un suicidio que nunca cruzó la línea, ahí permaneció, sin avanzar, se perdió de vista pero nunca de las retinas.
Comenzar por unas palabras atravesadas en mitad de la nada, dibujando un rostro ciego perdido en la inmensidad. Atado con un collar de cascabeles marca sus pasos, marca su perfil, marca su esencia, un aroma, un sabor, un roce, de tantas otras esencias, aromas, sabores y roces que se guardarán en lo más profundo del inconsciente como un álbum de recuerdos en la repisa más alta de la estantería.

Una vez más bienvenidos al lugar donde Afrodita llora por las noches, donde Atenea suma con los dedos, Artemisa es vegetariana y Zeus cose telares.