lunes, 30 de abril de 2012

Humo

De nuevo caminando entre los adoquines mojados, el pavimento supura las últimas gotas caídas y el silencio se rompe con cada paso, con cada ladrido, con cada voz.
Con un ritmo sosegado, ando de vuelta a casa, contemplo mi rostro en cada charco, respiro el aire fresco y limpio tras una intensa lluvia. De nuevo las palabras golpean mi frente, esta noche quieren escapar y ser escritas sobre cualquier espacio en blanco.

Hoy pienso en aquellas personas, las cuales comparten su vida con la soledad, el vacío en su pecho, sus voces perdidas entre la multitud, sus manos huecas y sus ojos llenos de pensamientos oscuros.
Sintiendo la pérdida de su ser en cada esquina, siendo el hambre que cobija su delirio y su espejo, la voz de su alma perdida.
Aquellas personas, como gotas transparentes en mitad de un lago, compartiendo su vida con sombras inertes, otorgando la vida a deseos de libertad.
Soledad que se escribe con multitud de matices, soledad buscada, con sus encantos, la mente se dirige hacia un ocaso provocado, un cúmulo de razonamientos muertos, dejando que su ser se esconda tras biombos, perdiendo así su presencia en el mundo.
Soledad perfilada, momentos de evasión de la realidad, dejando cómo único compañero el sonido de un reloj. Soledad programada con el paso de los años, vacío de un hogar en donde el amor se olvidó, envejeció y murió, recuerdos intentan tapar esa realidad, dejando suspiros en el pasillo y crujir de huesos en la cama. Tiradas en camas de hospital, en residencias o en hogares llenos de trastos, sus nombres pasaron a ser grabados únicamente en esquelas, mientras que su prole llora bajo su techo, cobijados entre sus posesiones, dejando que mueran hacinados entre paredes y monjas vestidas de blanco.

Ternura de una pequeña risotada, un hombre fumando en la puerta de un bar, una mujer que se atusa el pelo y un niño contando las gotas que caen del canalón. Ellos llaman mi atención, los rizos de ella, el humo de él y los ojos del pequeño, ellos me recuerdan lo que un día fui, lo que hoy camino y mi cuerpo convertido en humo.
Pensamientos que jamás me abandonan, palabras que siempre me hablan,  mientras camino sola.

martes, 24 de abril de 2012

Wire

Siempre detrás de un pequeño trozo de piel debajo de las uñas, restos que el día deja tras unos labios húmedos, agrietados por el fresco viento que mece las copas de los árboles y derrite el hielo de mi vaso.

Amaneceres pintados en tonos turquesa dejan sabores amargos en el suelo mojado, pájaros anidan en las bocas de alcantarillado y las ratas saltan de ventana en ventana, buscando las migas de pan del viejo solitario que fuma recuerdos liados en papeles grises.
Una cálida caricia me atusa el pelo, las calles van configurando su forma, la primera claridad del día deja vislumbrar los delirios de media noche evaporarse con cada paso de aquellas sombras que rompen esquinas y buscan cobijo en una sucia parada de autobús.

Tabaco pesado arranca mi sueño de cualquier vestigio animal, delinea palabras caprichosas y rostros malformados, bajo la atenta mirada de una mujer que examina cualquier atisbo de mi ser.
Tornar de nuevo a unos ojos enjutos, grises y añejos, lazarillos de penas pasadas, avivando el fuego de una pesadilla y un deseo.
Olor a café, perfume barato y latidos tempranos bajo el cobijo de un cuero curtido.

jueves, 15 de marzo de 2012

Ginebra


No sé por qué me paré a escucharla, no sé por qué la acompañé a casa. Tenía una manera peculiar de mirar, quizás eso me enterneció y dejé a un lado la frialdad con la que acostumbramos a vivir, vestía de forma extravagante, maquillada en exceso y apestando a cerveza.
En sus manos llevaba una bolsa, con juguetes baratos, una guitarra de plástico es lo que pude reconocer. Entre lágrimas me pide que la acompañe a casa, sus piernas han dejado de responderle y su cabeza hace años también.

Con ella agarrada a mi brazo comienza a relatarme una historia con tintes de verdad y delirio mezclados con unas cuantas cervezas. Era una mujer de tez blanca y cabellos negros, ojos oscuros y mirada altiva, sus labios carnosos besaron muchas bocas, gritaron muchos nombres y bebieron en exceso.
Alardeaba de tener una figura esbelta, una piel suave y una marca en la espalda, recuerdo que su madre, años atrás dejó sobre ella con la hebilla de un cinturón, pero no le apenaba, sonreía al recordar que fue famosa por esa marca, que todos los hombres la quisieron.

De pronto dos lágrimas caen de sus mejillas, me cuenta entre sollozos que aquello no le bastó, ansió más, buscó en más historias de cama, en más brazos, en más copas, en más juventud. Perdió demasiado tiempo en ocultar la locura que sentía por cada uno de los hombres con los que jugaba a amar, aquellos que dejaron su blanquecino cuerpo sobre la cama de hostal, para olvidarla al amanecer y encontrar el sentido de su vida en los brazos de otra mujer.
Renegada al olvido, abrazaba cada noche, con más fuerza el alcohol, intentaba olvidar el último rostro que la dejó como el hielo de su copa. Nunca perdió la fe y en una nueva aventura se embarcaba, dejándose llevar por palabras zalameras y bebida gratis.
"Hubo alguno que aguantó más de cuatro lunas y eso, era peor, ya que la caída se produce a más altura, cuando pensaba que no me señalarían con el dedo nunca más, cuando pensaba que ya llegó mi momento, de nuevo me veía desnuda de cuerpo y alma en la puerta de un hotel, entonces, bebía y lloraba sobre los hombros de extranjeros, mientras yo odiaba mi mundo".

Vieja gloria de cama, recuerda una canción que un día un inglés le dedicó, dice de haber sido siempre muy culta a pesar de apenas haber ido al colegio y reconoció enseguida el sonido melódico de un saxofón, tocando notas largas y suaves, recuerda el sabor amargo de la ginebra que bebía y los toques a tabaco en los labios de él. Le enseñó a mirar el sol, le enseñó a bañarse con su luz y lo que era pasear a plena luz del día cogidos de la mano. Como no toda historia tiene final feliz, le tocó vivir de nuevo el desprecio, el abandono y la humillación de una burla muda, de no saber por qué, de no saber dónde fue, de no saber siquiera si aquello fue real.

Le pregunto por los juguetes, me responde que son para su hijo, nos detuvimos, habíamos llegado, no quise seguir preguntando, ella sacó una cajetilla de tabaco, me ofreció un cigarro y a paso lento se aleja de mi, dándome las gracias y cantando una melodía.
Cada noche el arrugado rostro de la mujer aparece sobre mis retinas y la imagino desnuda, bajo unas sábanas amarillentas, llorando desconsolada mientras que la luz del hostal ilumina la habitación, con el sonido de un saxofón y una botella de ginebra vacía.

martes, 6 de marzo de 2012

Luna llena

En el filo de un cuchillo baila la ninfa, sobre la carne usada duerme el lobo, dejándose acariciar su lomo viejo, su grisáceo pelaje, intentando aparentar una juventud que no posee, perdiendo la dignidad que con la edad se coloca sobre los hombros.
Sigues siendo un cachorro, sigues dejándote llevar por el viento cálido de los estrógenos, mientras que devuelves el aullido lastimero a la misma luna.

¿Cómo se puede dormir con la conciencia tranquila tras amamantar al cachorro y dejarlo vendido en la puerta de un bar? ¿Cómo callar una simple disculpa y dejar que el olvido tape con arena el nombre de aquella princesa, convertida una noche en fulana?
¿Cómo has de responder, si la muerte ha llegado a tu boca? ¿Por qué miras de reojo cuando el fantasma oscurece la calle y esperas que su estela delate lo que ya has perdido?

Lobezno de canas grises, duerme en el regazo de tu madre, aún te queda tiempo para seguir viviendo la juventud que entre tus calvas se evapora, mientras los recuerdos se escriben de nuevo sobre piel ajena.

viernes, 2 de marzo de 2012

What the water gave me


Sólo una noche para contar estrellas, sólo un sorbo para calmar la sed, sólo una pesadilla para despertar. Contar las minúsculas gotas de lluvia fina de entre mis cabellos, siendo la noche tibia, mis pasos húmedos sobre el empedrado y mi boca seca.

No habiendo luces sobre la ventana, tirando piedras a un muro descosido, llamando a la puerta verde, derrochando mi tiempo delante del vacío, escribiendo palabras malsonantes, bautizando odios, olvidando caricias, escupiendo submundos, perdiendo amaneceres, todo con el fin de retomar viejas costumbres, como la de dibujar rostros sobre suelos mojados, tomar café frío y fumar tabaco de liar.

Siento el frío entrar por mis pies, siento unas garras coser mis piernas al suelo y escucho el crujir de mis huesos, estando ya cansada pregunto a las piedras el secreto de una sonrisa, lo que esconden unas pupilas verdes y un iris negro. Pierdo el hieratismo, esbozando una mueca, desatando mis cordones y perdiendo la poca moral que un día me prestaron, retomo el camino que me lleva a casa, tomando el sendero largo para poder encontrarte, acechar tu sombra y preguntarle lo que las piedras no me supieron contestar.

lunes, 20 de febrero de 2012

Un poco de rocío en las mejillas



Pequeña muñeca de piel clara y cabellos negros, pequeña niña con cuerpo de mujer, no dejes que tu alma sea consumida por las olas, no dejes que él venda tu sonrisa al inframundo por unas pocas lunas.

Eres demasiado diminuta para sus manos, demasiado grande para su corazón, tus lágrimas desprenden el aroma de su piel, dejando tu almohada impregnada de sueños que se van perdiendo por las grietas de una ventana gris.
Muñeca de sonrisa blanca, no permitas que tus pies se hundan en el suelo, aguanta con tus manos el peso de sus mentiras, vértelas sobre su lecho, adorna tu mirada con las flores de una cálida tarde de primavera, no consientas que los días lleven su nombre, corre con el viento a favor y despréndete de las cadenas de tus recuerdos.

Hombre que sujeta con sus duras manos unos dados, una correa y la foto de otra, no consientas que el dulce aroma de ella se aleje de tu habitación. Intenta comprender que los fantasmas nunca vuelven, la foto es un recuerdo vivo de lo que ya murió, malgasta tu tiempo ladrándole a la pared, convierte tu cabecero en el altar que ella se merece y tatúate su nombre en la piel, condena tu alma a ella que no volverá, vives de las migajas que dejó, respiras el aire que ella sopló, comes lo que ella vomitó y escribes lo que ella pronunció.
Buscas su rostro en cada esquina, en cada nueva chica, con otros cuerpos alimentas y mantienes vivo el recuerdo de los ojos que un día amaste, despreciando la nueva carne, matando a dentelladas la ilusión que depositas, tragando las plumas de sus alas, descosiendo lo que tu bordaste, perdiendo la poca dignidad que en ti y en ella existía.

Intenta dormir esta noche con las manos suaves y la conciencia limpia, abandona a aquel que te roba los minutos de tu vida como el oxígeno con cada suspiro y devuélvele el tiempo a los ojos alegres que el espejo añora.

Te regalo todas aquellas palabras que me abrazaron la noche en la que mis lágrimas no dejaban agradecerte todo lo que has hecho por mi. Duerme esta noche como si el sol naciera de tu habitación, duerme, que tu hermana pequeña, tu compañera de guerras velará tus sueños y aguardará al alba para cerrar las cortinas y seguir escribiendo lo que el mundo me cuenta cada atardecer.

Guns and memories

Una sombra en la retina quiero convertir tu imagen, una mancha en mis recuerdos, un borrón sobre mi piel, una palabra ilegible, una piedra en mi camino.
Quiero verte como la tinta que se derrama por las calles, como el nombre que nunca recordaré, como la película que jamás veré.

Soñando con una melodía, recurriendo a cajas de metal pintado, cortando con tijeras de plástico lo que mis ojos vieron. Ahora me hallo borrando mi reflejo del espejo, no reconociendo mi propia mirada, golpeando las paredes con unos pocos cabellos, recordando la sombra de mis piernas sobre el suelo, intentando colocar sonrisas y mentir a la luna.
Un suspiro de mis labios, deseo que seas la brisa que el viento aleja, la nube que oscurece el sol, la gota de lluvia que se evapora, el fuego que se extingue, el cadáver que la tierra consume, el eco que susurra el vacío.

Las manchas de las sábanas jamás desaparecerán, las cicatrices de mis manos me recuerdan que un día mordiste la manzana podrida mientras yo aullaba a mis estrellas, clamando piedad por el alma perdida en aquella habitación, encendiendo velas, mientras el rosario se rompía, desperdigando sus cuentas por el helado suelo bajo la atenta mirada de una virgen en llamas.
Pecados que guardo cuidadosamente en un pañuelo blanco, junto a viejas fotografías, llaves oxidadas, lápices gastados, libretas llenas de tachones en donde las identidades desaparecen a golpe de polvo y abandono.

jueves, 16 de febrero de 2012

Ojos de mar


La gata sobre el tejado rojizo contempla las estrellas en una fría noche, en una de ellas puede leer una leyenda sobre un árbol, anclado sobre una tierra seca, mustia, árida y de un color cobrizo pardo. No crecía nada a su alrededor, únicamente se posaban en sus heridas ramas cuervos con ojos de plata que acompañaban la soledad del desértico paraje con graznidos vertidos al eco más intenso.

Las pequeñas gotas de rocío de la noche alimentaban las raíces del arañado árbol, mendigaba las lágrimas del ocaso del día como una sonrisa al final de la barra de un bar. En su corteza se podía vislumbrar grietas, dejando a la vista un ennegrecido interior, manchado por la ira, por la envidia, por las mentiras y la lujuria que sobre su anterior cuerpo se derramaba.

El pecado de una humanidad metálica corrompió su blanquecino cuerpo, dejándole como castigo, sin importar si se es víctima o verdugo, una dura piel y unas piernas inexistentes, aferradas a la tierra muerta, condenándole en vida a contemplar la muerte con cada amanecer.
Carecía de ojos con los que poder ver el nuevo paisaje en donde se hallaba, obligado a recordar las imágenes que sus ojos vieron en el pasado, viviendo cada recuerdo sin más compañía que la de los pocos cuervos y el aire enrarecido.

Un día el peso de sus ramas cambió, algo suave, algo ligero se había acomodado en su rama, pudo escuchar un canto y no un graznido, pudo oler el aroma dulce que desprendía, sintió que el sol entraba en sus grietas, pudo ver que la muerte no era el final de su camino. Comprendió que el mal, donde en su cuerpo abandonaron, por siempre le acompañará, como también aquella voz suave, como aquellos ojos que tanto daño le hicieron, pero de un color maravilloso, como el agua fresca que caía por su espalda una calurosa tarde de verano. Dejándose llevar por la intensa emoción, su cuerpo se fundió con la seca tierra, recobrando la voz y perdiendo la sed de venganza, consiguiendo volar por encima de aquel valle y apareciendo cada noche sobre una estrella para contemplar tu ocaso.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Vanilla pie


Palabras que escucho en el silencio de la noche, palabras que acabarán con la poca cordura que mantengo entre estas cuatro paredes.
Hoy respiro, hoy el aire sabe a menta fría, mis manos huelen a tabaco y mi boca suena diferente. Una misma imagen bastaba para atormentarme cada noche en mi estrecho lecho, un mismo nombre valía para coser mi alma al techo, una misma sonrisa en el reflejo de mi pelo era suficiente para quemarme la piel.
Hoy mi seda se ha endurecido, mis alas se han caído, mis colores se han apagado y mi gestación ha vuelto a empezar.

Mis piernas dejaron de caminar sobre almohadas y ahora noto el duro pavimento, me quito los zapatos y siento el frío suelo entre mis dedos. Caricias invernales recorren mis tobillos anclando mis claros pies a la tierra, las uñas tintadas de rojo dejan esquelas en bocas ajenas de palabras que un día han de tragar, empujando con el empeine paralelo a una tráquea hundida, pisada y machacada con los talones, hago fuerza para que el aire ahogue las frases vendidas y de nuevo acaricio el mármol con mis pies escribiendo caprichosas líneas que se difuminan con las huellas que algún día dejé olvidadas por ahí.

lunes, 6 de febrero de 2012

Pure afternoon

No sirve de nada mirar al cielo y pintar su atardecer en mis retinas, no sirve verter a una luna llena acuarelas baratas, no sirve adornar las nubes a golpe de carboncillo, es triste respirar el aroma oleoso del ocaso del día, precioso, infinito, breve, intenso, ligero... Inhalo la brisa que el agua de una fuente trae hacia mi, relajo mi pecho y muerdo mis dedos y contemplo la vida que transcurre delante de mis ojos.

Espejos que no me dicen nada, palabras se escriben en el vaho mientras pierdo la noción del tiempo y mi mente pierde las ganas de volar, tirando a ras de suelo verbos que jamás pasaron a formar parte de una frase, de un texto, como un libro con las hojas arrancadas olvidado en el banco negro oxidado, aquel banco en donde la luz peinaba mi fría piel, aquel banco que no perdonó a la paloma tullida.
Vacío mis ojos, lleno mis recuerdos, busco el grafito para dibujar mi sombra en la pared, la cual escapa por las molduras cual Peter Pan, trepa hasta abrir la ventana y descubrir que ya estaba en Nunca Jamás, donde los relojes suenan, los días se suceden, pero no cambia ni un ápice mi reflejo en el subsuelo.

La piel llora y las horas maldicen la pura mañana en la que el frío se precipitó al vacío dejando su halo como un reguero de sangre incolora, salada, apuntalada con diez clavos y atada a un álbum fotográfico. La gota que comenzó siendo ínfima, creció, su cuerpo tomó densidad para terminar por evaporarse en una noche helada con un simple soplo.
Volverás a la cadena de tus recuerdos, caerás en el óxido, mientras que mi nombre siempre se mantendrá cosido en los retales de tu alma junto al cajón del olvido.

jueves, 2 de febrero de 2012

Verba


Tras punteos de guitarra y voces masculinas que gritan libertad a las almas perdidas, al papel impreso y a las miradas fallidas, un acorde termina de verter los últimos deseos sobre un escenario tullido.
Elaborar un paréntesis en el tiempo, dejar sin cuerda los relojes del teatro, escribir canciones mudas para acompañar diálogos con un espejo cóncavo, donde mi cuerpo pierde forma y se diluye entre las bambalinas, perdiéndose como bruma de la mañana por un patio de butacas sin flores, sin almas y con sonrisas torcidas y unas piernas abiertas al final del pasillo.

Atada con lazos de terciopelo, las heridas hierven bajo una luz tenue y las palabras se las lleva el viento. Basta una luna para vaciar el cielo de estrellas, basta un soplo para apagar todas las velas, basta una voz para callar el ruido, basta un sol para borrar dos noches, basta una calada para matar una hora de mi vida, basta todo para acabar con la nada, basta un telón para terminar la función.

lunes, 30 de enero de 2012

Black eyes

Diluir en un pequeño vaso de agua recuerdos efímeros, escribir con una pluma olvidada retales de egos perdidos en noches con la luna a medio comer. Sentir de nuevo el aliento de las pesadillas en la nuca una noche fría, dejando que se escriba lo que la muerte un día anunció.
Vaciar la caja torácica, verter nuevas voces y nuevas palabras, olvidando pequeñas gotas de negras lágrimas sobre el tapete. El corazón late aprisa, crece formando enredaderas que se abrazan firmemente a una tráquea dañada por el sol que se inhala.

Querer creer que el destino escribe caprichosas líneas sobre la palma de mi mano, las cuales borra con un soplido, volviendo a unir líneas, volviendo a repetir historias, en un déjà vu continuo, eclipse de sombras sobre superficies planas, sin curvas sinuosas, donde los viejos recuerdos limpian su polvo y relucen como nuevos.

Mecer mis cabellos ante el vaivén de los delirios de media noche, dejar que exculpen sus dudas, querer borrar el humo en el cielo, verter deseos en una fuente y tener segundos al unísono, latidos en uno.
Temores que acompañan sábanas viejas, ventanas rotas en donde el frío se cuela y cala unos huesos usados. Inocencia perdida entre cabeceros de cama oxidados e ilusiones grabadas al alba, mientras esperan escribir la historia con un epílogo retocado y bordado.

martes, 24 de enero de 2012

The ground beneath her feet

El suelo tiembla, el cielo colorea el viento con aromas a plumas teñidas de azul. Palomas mensajeras desnudas aguardan en los bordes de los edificios grisáceos una señal luminosa, para dejar caer su cuerpo hacia un vacío acolchado.

Dibujos sobre una piel rosada, murmullos de unas mariposas envidiosas del reflejo de mis cabellos sobre el cristal sucio de un autobús y la tierra bajo mis pies, se torna arenosa, me viene el eco de unas olas rompiendo con sus cascos, con sus crines sobre el duro suelo de una ciudad de breves luces, alejada del mar y muy dentro de mi.
Tres soles y cuatro lunas distan ahora de ser simples tic-tacs de reloj, tres soles y cuatro lunas bastan para ver a través de unas pupilas dilatadas mi propio deseo.

Giros teatrales en una función que parecía retirada, con el telón bajado y las cuerdas marchitas, conociendo el nombre de la obra, adentrándose en su historia, en los diálogos que quedan prensados en la ropa y acarician mis dedos.
Volver a escuchar las palabras dormidas de mi frente, volver a viejas bandas sonoras para nuevos trajes, dejando que el tiempo pase lento, mientras las horas corren por mi piel y las voces se mezclan con nuevos nombres, nuevos olores y nuevos sabores.